| Llega
el segundo día y ya estamos más tranquilos, después
de la función del día anterior y sabiendo que tenemos
el mismo lugar en el teatro estamos más confiados, no tendría
por qué salir mal, al contrario, las expectativas son muy
buenas, seguro que va a salir muy bien.
Esperamos a la tercera llamada y nos disponemos a ocupar nuestras
butacas, las chicas que atienden las puertas del teatro (10 a cada
lado) cierran todo y ruedan las cortinas. Todo queda a oscuras y
en silencio.
Comienza a sonar el preludio al primer acto que nos describe la
tormenta que va amainando lentamente en la naturaleza. Ha pasado,
con toda su violencia, un temporal. Las cuerdas, en registros graves,
agitadas en un principio y de nuevo serenas describen los gemidos,
cada vez más atenuados, del bosque y de la cabaña
que hay en él bajo las ráfagas de viento de la tormenta.
En las tubas resuena varias veces el motivo del trueno, (el último
cuadro del Oro del Rhin) atribuido al dios Donner que impera sobre
las fuerzas de la Naturaleza.
Acto I
En la cabaña de Hunding aparece Sieglinde sentada en una
silla. Siegmundo entra y se desploma en el suelo, ella se cree que
es su marido el que acaba de entrar y mira hacia el recién
llegado, ve que es un desconocido y que se encuentra mal, le mira
y se compadece de él. Intenta socorrerle, el desconocido
le pide agua y ella, se dirige a un lado de la cabaña, prepara
algo y regresa con una bebida para ofrecerle al recién llegado.
Personalmente, pienso que este primer acto contiene uno de los momentos
musicales más sublimes de La Valquiria, aquí se alternan
la mayoría de los motivos de la obra: los diferentes tipos
de amor, la naturaleza, la compasión, la postración,
la tempestad,…
En esta puesta en escena la cabaña de Hunding es una sala
grande con paredes de madera y una gran puerta al fondo de la sala,
el fresno es sustituido por un palo de los que se utilizaban antiguamente
para guiar el tendido eléctrico. Es el palo inclinado que
se observa en la foto y que aún conserva parte de los utensilios
que fueron necesarios para sostener los cables eléctricos.
Por la puerta trasera entra el marido de Sieglinde, Hunding con
sus perros, regresa cansado después de una jornada de caza.
Al entrar ve al intruso, se dispone a contemplarlo y ve que tiene
un gran parecido con su esposa, se para y mira a uno y a otro (repetidas
veces) para asegurarse del parecido que ve entre ambos. Interroga
a Siegmund sobre su historia y este habla. Dice que su padre se
llamaba Wolfe y que con él se dedicaba a cazar; un día,
al volver a casa, se encontraron con la madre muerta, su cabaña
en ruinas y no hallaron ni rastro de su hermana. Él vivió
con su padre en el bosque, siempre perseguido por la raza de los
Nedingos. Un día su padre también desapareció
y al quedar solo trató de buscar compañía pero
en todas partes fue incomprendido y rechazado.
Finalmente, por proteger a una muchacha, se ha enfrentado a toda
una tribu, sembrando de cadáveres el campo de batalla. Por
último, destrozadas sus armas, ha tenido que huir y refugiarse
en esta casa.
Hunding, que pertenece a la tribu de los adversarios de Siegmundo,
advierte a este de sus intenciones de venganza, pero cumpliendo
la ley de la hospitalidad le permite, por esa noche, descansar bajo
su techo emplazando el combate hasta el día siguiente.
Sieglinde, que se siente atraída por el desconocido, acompaña
a su marido a la alcoba y le da una bebida adormecedora. Siegmund,
al quedarse solo recuerda la promesa de su padre, él le había
dicho que hallaría una espada en el peligro supremo. Vuelve
Siglinde y le explica que el día en que fue desposada con
Hunding, en contra de su voluntad, un hombre extraño entró
en la choza y dejó clavada en el tronco del fresno una espada
asegurando que debería pertenecer a quien fuera capaz de
arrancarla, hecho que nadie había podido realizar hasta ahora.
Siegmundo está conmovido por la mujer y ambos se sienten
identificados, la misma sangre de hermanos de raza, que ambos tienen,
les obliga a la mutua atracción. Siegmundo invoca a la espada
por su nombre “Nothung” y consigue arrancarla del árbol.
Después, ambos huirán juntos de la cabaña.
Siegmundo, (Endrik Wottrich) que hizo un papel magnífico
durante todo este primer acto, nos abandonó una vez concluido
el mismo. Después nos enteramos de que no se encontraba bien
y no tuvo la fuerza suficiente como para enfrentarse al segundo
acto, tuvo que ser sustituido.
Sieglinde, (Adrianne Pieczonka) esta gran dama nacida en Ontario
fue toda una sorpresa, canta como los mismísimos ángeles
y actúa como quiere, estuvo sublime durante todo este primer
acto y ya que en el segundo acto la vi muy poquito pues prefiero
no dejarla para luego, aunque no me olvidaría de ella ni
en una hora ni en muchos años, después de oir como
canta.
Acto II
Se desarrolla en un paraje abrupto de rocosas Montañas. Wotan
ordena a Brünnhilde, su hija preferida entre todas las Valquirias,
que ayude a Siegmundo en su próximo combate con Hunding,
para darle la victoria. Pero aparece Fricka, la diosa del matrimonio
y protectora e las buenas costumbres, exigiendo a Wotan que castigue
el amor incestuoso de Siegmundo y Sieglinde.
Pues bien, durante esta escena, Wotan se mantiene subido en esta
roca, tal y como lo vemos en la foto, con una iluminación
escasa y en esa postura erguida, en ningún momento baja de
ahí ni se inclina para mirar a su esposa que se pasea nerviosa
de un lado a otro, retorciéndose las manos y mirando a su
marido que parece estar en otro mundo, muy lejano a ella y físicamente
está en un nivel mucho más alto también.
Llega un momento en que ella debe tener la sensación de no
ser escuchada, hace más hincapié en sus palabras,
recita (más que canta) y al no recibir ni un gesto de aprobación,
por parte de su marido, ve que no logra imponer su voluntad le estira
de la parte inferior de la capa para ver si está tomando
buena nota de lo que ella le quiere comunicar. Wotan se limita a
sacudirse la capa con aire irónico y a ella ni la mira. Al
ver su aspecto burlón y poco dialogante con su esposa que
parece tan agitada es fácil pensar: ¡Hay que ver lo
arrogante que es Wotan! Pero ella no cede en ningún momento,
cada vez exige más y cuando Wotan defiende a Siegmund y Sieglinde
ella se encoleriza y empieza a subir el tono. Al final, Wotan, se
da por vencido y obedece a su esposa. A pesar de haber ordenado
a su hija favorita que fuese al lugar de la batalla para asegurar
la derrota de Hunding, promete que no ayudará a Siegmundo.
Wotan se siente abatido, él siempre había confiado
en Siegmund, de hecho ya había pedido a su hija favorita,
Brünnhilde, que fuera al lugar donde iban a combatir Hunding
y Siegmundo para concederle la victoria a Siegmundo, pero ahora
su esposa le ha pedido que acabe con él, que traicione su
confianza, él cree que el destino lo quiere así y
se resigna, culpa al anillo, cree que cuando se lo arrebató
a Alberich y lo retuvo en su mano le alcanzó la maldición
del oro.
Al quedarse a solas con su hija ya no tiene ese aspecto de dios
que lo domina todo, ahora parece muy abatido y angustiado, le cuenta
a su hija la historia del anillo de oro del Rhin; que hubo de pagar
con él la construcción del Walhalla, que fue padre,
junto con Erda, de las Valquirias y les encomendó llenar
la morada de los dioses con los héroes más valientes
para crear un ejército que les protegiese de las huestes
de los Nibelungos, que trató de crear un héroe libre
de pactos en Siegmundo, el Velsa, que pudiera luchar contra Fafner,
el dragón, y arrebatarle el tesoro para devolvérselo
a él, que Alberich, el Nivelungo, ha conseguido de una mujer
que le de un hijo. La venida del hijo de Alberich supondrá
el fin de los dioses.
Fricka ha descubierto sus planes, y ahora, ha de renunciar a ellos.
Wotan revoca la orden y manda a la Valquiria a que de la victoria
a Hunding, ella se resiste a cumplir esta orden y Wotan se encoleriza
y la amenaza. Brünnhilde queda desolada y llena de dolor por
Siegmundo a quien había aprendido a amar.
Al retirarse la Valquiria, llegan al lugar Siegmund (Robert Dean
Smith, en este caso) y Sieglinde huyendo de Hunding. Ella, agotada
por el esfuerzo y avergonzada por la acción termina por caer
desvanecida en los brazos de su amante (y su hermano) En ese momento
entra Brünnhilde y contempla la escena con ternura.
Este segundo acto de la Valquiria es, en mi opinión, otra
de las grandes páginas tanto musicalmente como dramáticamente,
son muchas las cosas que acontecen en la obra llegando a este momento:
Fricka (la diosa del matrimonio) ha obligado a su esposo y hermano
(Wotan) a revocar la orden de concederle la victoria a Siegmundo,
con ello se han desvanecido los planes de el dios absoluto, ella
se ha retirado definitivamente, ya no la veremos más.
Fricka ((Michelle Breedt) no tiene una línea de canto muy
atractiva, bien es verdad que en esta obra su personaje tiene mayor
importancia dramática y requiere, también, una mayor
potencia vocal que en El “Oro del Rhin” . Ella comienza
con una serie de recitativos y así va imponiendo, de forma
gradual, su voluntad sobre la de Wotan, para que castigue con la
muerte a Siegmundo y a Sieglinde (por haber infringido la ley del
matrimonio). Al ver que Wotan los comprende y no los quiere castigar,
monta en cólera y comienza con un recitativo (“So ist
es denn aus mit den ewigen Göttern, seit du die wilden Wälsungen
zeugtest?”) ¿Así se acabó, la estirpe
de los dioses eternos puesto que engendraste a los salvaje welsungos?)
al que sigue un bonito arioso (“O, was klag' ich um Ehe und
Eid,da zuerst du selbst sie versehrt!” ¡Oh, para qué
clamo por el matrimonio y el juramento, si tú eres el primero
en vulnerarlos!). En mi opinión, este es el momento musical
más hermoso de este personaje.
Pues bien, Brünnhilde que acaba de entrar anuncia a Siegmund
su próxima muerte al enfrentarse a Hunding pero al ver la
escena de amor entre Siegmund y Sieglinde, (que permanece en el
suelo inconsciente mientras él la cuida) mantiene un hermoso
dialogo con Siegmund y, conmovida por el dolor del héroe
y la grandeza de su amor, toma la decisión de ayudar a Siegmund,
desobedeciendo, de esta manera, la orden de su padre.
Después de este bonito pasaje empieza a rugir fuertemente
la orquesta, se alternan los motivos de la tempestad y se oye más
amenazador que nunca el motivo de Hunding, las luces se atenúan
el ambiente se torna más denso, en este momento entra en
escena Hunding y se inicia el duelo entre los dos enemigos.
Brünnhilde trata de ayudar a Siegmund (aparta la espada de
Hunding para que Siegmund le pueda atacar) pero en ese momento llega
Wotan y parte (con su lanza) la espada de Siegmundo permitiendo
que Hunding le mate. Brünnhilde recoge cuidadosamente (del
suelo) los trocitos de la espada y huye con Sieglinde (supuestamente
debería huir a caballo, que para eso es una amazona, pero
no hay caballo, huye a pie).
Wotan da muerte a Hunding e inicia la persecución de su hija
para castigarla por su desobediencia.
En este segundo acto nos hemos despedido, definitivamente, de: Siegmundo
(el Velsungo hijo mortal de Wotan, hermano y amante de Sieglinde);
de Fricka, (diosa del matrimonio, hermana y esposa de Wotan) y de
Hunding (marido de Sieglinde y enemigo de Siegmund).
Acto III
En la escena podemos ver una sala grande cuyas paredes son como
bloques de cemento apilados de forma irregular dando la imagen de
una nave en construcción, dejando una amplia abertura (a
modo de puerta), más o menos a dos metros del suelo, en la
pared del fondo.
En este lugar se reúnen las Valquirias con los héroes
muertos, en los campos de batalla, antes de regresar al Walhalla.
Los muertos están en el suelo vestidos con ropas del mismo
color que el suelo, hacen mimetismo y esto logra un efecto muy adecuado
para esta escena, aunque las Valquirias van vestidas de rojo, todo
lo demás es de tonos grises, hay nubes en el cielo y también
las hay muy bajas, realmente parece un cementerio al atardecer y
estos héroes se levantan del suelo y se desplazan lentamente,
parecen fantasmas, las Valquirias los ayudan con sus lanzas. Los
llevan hasta las puertas que hay en los laterales y por allí
desaparecen. Van llegando todas las amazonas y la última
en aparecer es Brünnhilde, que trae a Sieglinde y reclama la
ayuda de sus hermanas, pero ellas no se atreven a desafiar las iras
de su padre, Wotan.
Sieglinde solo desea la muerte pero Brünnhilde la convence
de que ha de vivir para traer al mundo al hijo que lleva en sus
entrañas a quien llamará Siegfried, de la raza de
los Welsungos, para él ha de guardar los trozos de la espada
de su padre (Notung) Sieglinde huye hacia el bosque, junto a la
cueva de Fagner. Este es el único lugar donde puede estar
a salvo del poder de Wotan puesto que él respeta el lugar
del dragón.
Las Valquirias deciden ocultar entre ellas a la hermana perseguida.
Llega Wotan e increpa a sus hijas por la debilidad de ánimo
al compadecerse de la rebelde. Brünnhilde se presenta ante
su padre quien la castiga con la privación de todos sus atributos
divinos y además la castiga a permanecer, dormida e indefensa,
en el centro de una roca rodeada por un cerco de fuego a la espera
de la llegada de un valiente que se atreva a cruzar la línea
de fuego y la despierte.
Las valquirias pretenden interceder por su hermana y lo hacen de
la forma más bella y musical que se pueda esperar, ellas
unen todas sus voces, cantan en un tono bajo, pero las voces son
potentes e insistentes, Wotan está en pie frente a ellas
con su lanza firme apoyada en el suelo, no se mueve, no dice nada,
parece una estatua. Llega un momento (cuando más agitadas
están ellas) que da un golpe seco con su lanza en el suelo
y ellas dejan de acosarlo, se rinden y se retiran.
Al quedar a solas con su padre, Brünnhilde trata de convencerle
justificando su acción no obstante, Wotan, a pesar del amor
que siente por su hija, se ve obligado a cumplir sus propias leyes
y ha de ser inflexible en su sentencia. Pero ella consigue de su
padre la promesa de que hará que un fuego mágico la
rodee mientras duerma, para que solo pueda acercarse a ella un héroe
que sea más libre que el dios.
Wotan tiende a su hija sobre un plano inclinado de madera, la besa
en los ojos para despojarla de su divinidad y la sumerge en un profundo
sueño.
Después invoca a Loge (dios del fuego) para que rodee de
llamas el lugar
Donde duerme Brünnhilde.
A Brünnhilde la dejamos aquí, dormida, protegida por
un círculo de fuego, en espera del valiente que pueda liberarla
de su duro castigo.
La orquesta, en esta obra, (al igual que en el oro) estuvo impresionante,
muy viva y sonando con mucha fuerza, muy envolvente, narrando paso
a paso y motivo a motivo, todas las situaciones. Fue una velada
gloriosa, por segunda vez orquesta y cantantes estaban sublimes
durante toda esta primera jornada.
Cuando entramos al teatro, después del primer descanso, nos
dijeron que Endrick Wottrich estaba enfermo e iba a ser sustituido
por Robert Dean-Smith, el respetable acogió la noticia con
mucha alegría y con grandes y estruendosos aplausos, hasta
algún bravo llegué a oir. Yo no lo entendía
pero ellos saben muy bien quien es Robert Dean-Smith, yo lo entendí
después, cuando le oí cantar, entonces supe el por
qué de los grandes aplausos. Él es Tristán
y a juzgar por lo que le quieren allí, su Tristán
debe ser de los grandes. A mí me encantó también
como Tristan hace unos años, cuando lo debutó en Tenerife.
Pero solo dieron el segundo acto y en versión recital.
Como Siegmund hizo un papel de lo más creíble, nos
hizo sentir orgullo de su grandeza como héroe y en la escena
con su amante en brazos estuvo rebosante de ternura y comprensión.
Hunding (Kwangchul Youn) cantó y actuó magníficamente,
no hubo vez en que su presencia no fuera toda una gran amenaza.
Este personaje es así; rudo, desagradable, con mal carácter,
desalmado e incapaz de ser amable, pertenece a la raza humana antigua.
Su carácter es dramático y Kwangchul Youn lo desarrolla
magníficamente, tiene una gran potencia vocal además
de un timbre muy hermoso y con mucha coloratura.
Si tuviese que nombrar un favorito lo tendría muy pero que
muy difícil, todos (unos mejor que otros) me parecieron fantásticos
pero me decantaría por Wotan (Falk Struckmann. Una vez más
volvió a clavar su papel y a demostrar su maestría
en una línea de canto impecable y con una interpretación
escénica magnífica. Un verdadero lujo de Wotan.
Tendré que buscar mucho (y tener mucha suerte) si quiero
volver a ver una Valquiria tan buena como esta.
Favoritos del público esta noche: Wotan, Sieglinde y Siegmund,…
más el favorito de cada día: Christian Thielemann.
Nosotros salimos del Bayreuther Festspiele hartitos de aplaudir
y de despedirnos de nuestros vecinos (y amigos, porque después
de compartir dos veladas de ese calibre ya da para una buena amistad),
cuando ya habían salido a saludar los cantantes y el otro
grande de cada noche: Christian Thielemann unas 8 ó 10 veces,
dimos la vuelta hacia la zona de aparcamientos y todavía
nos marchamos escuchando aplausos y bravos, daban ganas de volver
a entrar allí otro ratito.
Pero tendremos que esperar hasta el día 25 para volver a
ocupar nuestras butacas junto a nuestros amables vecinos del festival,
pero de eso hablaré más adelante, cuando hable de
la segunda jornada, Siegfried. |