El tiempo sigue muy
agradable en Bayreuth, unos 16 - 18 grados y lluvias alternando
con sol, así ha estado toda la semana. Nos damos un paseo
por el Bayreuther Festspiele, por la mañana, y hay gente
frente a la taquilla sentados allí, arropados con sacos
de dormir y vemos que también tienen termos para tomar
café o té, tienen pinta de lleva mucho tiempo allí,
esperan que alguien acuda a devolver sus entradas, las taquillas
están en frente de la tienda de música, libros,
postales y recuerdos. En esa zona hay movimiento de gente durante
toda la mañana, tampoco faltan alli los que buscan entradas
sueltas y exhiben un cartel que dice: “Suche karten”,
(compro entradas). Estos carteles son bien curiosos porque la
gente no se limita a buscar entradas para una función completa.
No, ellos las buscan por actos también, por si acaso, lo
importante es conseguir algo. De tal forma que si uno se siente
mal durante uno de los actos siempre puede salir, hacer un cálculo
y vender lo que queda de la ópera.
Ha llovido tanto en los ultimos días
que algunos, hartos de que se les empape el cartel, lo llevan
plastificado.
En otros teatros del mundo yo he visto que cuando llega el descanso
y sales, a toda prisa, porque quieres aprovechar ese ratito para
hacer algo (como ir a una tienda antes de que cierren) y suele
aparecer alguien que te para y te pregunta que si te vas definitivamente,
para que le regales la entrada.
Pues bien, llega la tarde y con ella el esperado momento de ver
la segunda jornada del anillo, “Siegfried” estamos
impacientes por ver la cueva de Mime, a mi siempre me ha gustado
mucho el primero y el tercer acto de esta ópera.
Acto 1.
Se apagan las luces y empezamos a oir el sonido de la orquesta,
el breve preludio de Siegfried se deja oir muy suave, al comienzo,
y después va tomando fuerza, suenan cada vez más
insistentes los toques de madera sobre la cuerda, todos los instrumentos
están preparando el ambiente para dar la entrada a Mime
que será el primero que oiremos, cuando se levante el telón,
con su martilleo en la fragua, él está reconstruyendo
la espada, “Notung” que Wotan partió con su
lanza (en el tercer acto de la “La Valquiria”) para
que Hunding pudiera dar muerte a su enemigo Siegmund y se cumpliera
así la voluntad de Fricka.
Son los trocitos de espada que recogió, cuidadosamente,
del suelo Brünnhilde y se los entregó a Sieglinde
para que se los guardase a su hijo (Sigfrido), que aún
no había nacido.
Se levanta el telón y aparece ante nuestros ojos la cueva
de Mime que, en este caso, es como un laboratorio equipado con
una mesa, un par de encerados, un cartel con dibujos de los mapas
de la musculatura superficial humana, un esqueleto, un bidón
varias sillas, una mesa, una cuna de madera con un osito, muchos
papeles en el suelo, una mesita pequeña …
La sala tiene muchos y muy grandes ventanales, cuando Mime está
agachado lamentándose de la su trabajo y de la mala vida
que lleva entra Siegfried (con un abrigo de piel de oso) de un
salto por la segunda ventana de las dos que están abiertas.
Hasta este momento yo había tenido dudas, no me gustaba
mucho cómo estaba sonando la orquesta, tampoco Mime me
parecía tan bueno como yo esperaba después de ver
su breve intervención en “Das Rheingold”, no
me estaba gustando nada esa puesta en escena pero eso tampoco
me preocupaba mucho, era solo para el primer acto y si todo lo
demás está bien yo no me amargo solo por eso. Al
menos ellos iban vestidos de forma adecuada, ¡hombre! puestos
a ponerle pegas tampoco les habría costado tanto preparar
la aparición de Siegfried con un oso (de mentira, claro,
pero algo menos descarado que un abrigo de piel, algo que le diera
una imagen un poco más heroica ¿no?) y no esa extraña
aparición cayendo en el interior de la cueva de un salto
y levantando un remolino de papeles.
De todas formas, incluso la mejor puesta en escena del mundo no
habría ayudado a mejorar, no sé si ese fue un mal
día o si ha sido así todos los días pero
Siegfried (Stiphen Gold) me resultó insoportable y después
de las dos funciones anteriores que fueron tan buenas, algunos
de nosotros (no todos, es la primera vez que veo asientos libres
en el Bayreuther Festspiele) aguantamos hasta lo que no está
escrito esperando ver cómo reaccionaban los demás
y sin entender nada.
Es que, el hombre canta cuando le viene en gana, a veces Mime
termina donde él tiene que empezar, él no dice nada,
Mime se para, la orquesta también se para y uno se pregunta
¿y esta pausa? Es una lástima porque sí tiene
un timbre bonito, y también tiene buena potencia vocal
pero es que daba la impresión de no saberse el papel, no
tiene ninguna técnica.
Le quitaron todo el vigor a este primer acto de Siegfried (el
que más me gusta a mí junto con el tercero, que
lógicamente también se lo cargaron).
No lo entiendo, es el tercer Siegfried del verano que hacen y
no sé cómo habrán estado los demás
pero este estuvo muy flojo, ya en el primer descanso quedaron
muchas butacas vacías y durante el primer acto yo oí
gente salir del teatro, fue la primera vez que desaparecieron
todos los compradores de entradas de la calle, sólo quedaron
los que llevaban un cartel que decía: Suche karten (se
compran entradas) y debajo se leía: Götterdämmerung.
El único trocito que se salvó es en el momento en
que Mine se queda solo despotricando, (como siempre) ante la imposibilidad
de forjar la espada, y entra Der Wanderer (Falk Struckmann) ese
sí fue un momento magnífico, porque él es
de los que da gusto verle y oírle canta y actúa
magníficamente, se le ve correctísimo, muy brillante
y Mime con él también cantaba muy bien, es cuando
está con Siegfried cuando todo se desmorona.
Para no dejar de lado el argumento de la obra comentaré,
brevemente, que en este primer acto de Siegfried, en mi opinión,
la idea fundamental es la reconstrucción de la espada “Notung”
cuya misión principal es dar muerte a Fafner, el dragón,
y conseguir el oro que él cobró por la construcción
del Walhalla (en el Oro del Rhin) y que guarda en su cueva.
Acto 2.
Para este segundo acto, la puesta en escena es en un bosque con
algunos árboles cortados y con un segundo nivel apoyado
en unos pilares de Cemento.
Este segundo nivel es lo que vemos con unas pequeñas luces
y no es otra cosa que medio puente de los de la autopista con
sus vallas laterales y todo cortado y colocado allí con
sus señales de: ¡peligro! Vía cortada.
En el extremo del puente hay un par de casetitas con sus “ocupas”
y todo, son los que vemos que tienen las luces encendidas y a
menudo se pasean por el interior de las casetas, nosotros solo
vemos las sombras.
El bosque es de un verde intenso y en el fondo vemos a El Caminante,
a su izquierda está Alberich y a su derecha está
Mime, justo en el centro está la cueva de Fafner.
Llega Siegfried acompañado por esos bonitos cantos del
pajarillo del bosque que parecen querer decir algo, él
intenta construir una flauta para imitar el sonido de los trinos
del pájaro y poder conversar con él pero como no
lo consigue, toca el cuerno (que, al menos le había dado
resultado para atraer la caza) y entonces aparece el dragón,
usa su espada para darle muerte, prueba su sangre y esta le da
poderes especiales que le permiten entender lo que le dice el
pájaro y también, ahora puede saber lo que piensa
Mime.
Así descubre que Mime, (el Nibelungo que le vio crecer
ya que su madre murió cuando daba a luz) está esperando
a que mate a Fagner para envenenarlo (o que Fagner y Siegfried
se enzarcen en una pelea y mueran los dos) para quedarse con el
oro y compartirlo con su hermano Alberich, el otro Nibelungo.
Pero como ahora Siegfried sabe lo que piensa Mime pues usa la
espada y lo mata igual que hizo con el dragón.
Ahora sólo le queda a Siegfried ir en busca de Brünnhilde,
que está durmiendo en la Roca (un plano inclinado de madera
según esta puesta en escena) rodeada por una línea
de fuego y esperando a el héroe que sea valiente y pueda
atravesar el fuego. Así la dejó Wotan, su padre
en la jornada anterior “Die Walküre”.
Acto 3.
En el preludio de este tercer acto la orquesta empezó a
sonar con mucha fuerza, casi con vehemencia, nos estaba preparando
para la tragedia que amenaza, En la primera escena vemos a El
Caminante que ha despertado a Erda para preguntarle cómo
hacer para detener la rueda del destino, Erda le dice que por
que no se lo pregunta a Brünnhilde que goza de gran sabiduría
a lo que él responde que está castigada, ella se
siente contrariada por las contradicciones de el dios supremo
y vuelve a dormirse, pero antes escucha, de El caminante, su abdicación
en Siegfried.
Para esta segunda cuadro volvemos al escenario donde duerme Brünnhilde,
la tempestad ya ha amainado, entra Siegfried y El caminante se
interpone en su camino y empieza a interrogarle, sobre sus intenciones
y sus logros y escuchando complacido a su nieto, este se empieza
a impacientar ante tanta pregunta, trata de quitar del camino
a su abuelo y termina riéndose de sus palabras.
El caminante se encoleriza y se opone, se niega a que Siegfried
siga su camino hacia donde duerme Brünnhilde, amenazándole
con el fuego que la rodea y con la propia lanza que un día
rompiera la espada que ahora lleva él en la mano. Al pensar
Siegfried que este era el enemigo de us padre, le ataca y parte
la lanza en dos pedazos. El Caminante huye.
Queda uno de los momentos más sublimes de esta ópera,
el despertar de Brünnhilde, gracias a la llegada de su héroe,
Siegfried, pero esta fue también la parte más lamentable
de todo el Anillo, en esta producción:
Brünnhilde (Linda Watson) que, sin llegar a ser nada del
otro mundo, en “Die Walküre) había cantado aceptablemente,
aquí, junto al extraño Siegfried de Stiphen Gold
hicieron un despertar “a grito pelado” y a cualquier
hora, fueron de por libre. Por suerte, para ellos, en Bayreuth
la gente no suele abuchear si no son obras muy raras como es la
producción de “Parsifal” que ellos tienen allí
ahora. Lo que suele hacer el público es aplaudir lo mínimo
y salir a toda prisa del teatro, siempre quedan los familiares
de los que cantan y algún despistado que no se quiere perder
nada, como nosotros. Había que ver si esa noche también
había favoritos y quienes eran.
Lástima, no pudimos despedirnos de ninguno de nuestros
amigos que tan cariñosos y hospitalarios se habían
mostrado con nosotros el día de La Valquiria, no es que
nosotros esperáramos entablar grandes conversaciones con
ellos, después de todo ellos eran de Frankfurt y nuestros
conocimientos de alemán no dan para mucha charla, pero
nos dio pena, salieron tan disparados y tan malhumorados que no
dijeron ni un simple ¡hasta luego! Y es que en Bayreuth
cuando la cosa sale como salió ese Siegfried nadie espera.
Realmente sí hubo favoritos del público esa noche:
Falk Struckmann, (Der Wanderer), Gerhard Siegel (Mime), Mohco
Fujimura (Erda) y Robin Johannes (un excelente pajarillo del bosque).
Solo para aplaudirlos a ellos valió la pena quedarse hasta
el final.
Con esto me despido hasta la próxima.