LOHENGRIN. Bayreuth 19 de agosto, 2005
Por María Porras

Director (Peter Schneider); Director de los coros (Eberhard Friedrich); Director de escena  (Keith Warner); Reinhard Hagen (el rey Enrique, “el pajarero”); Peter Seiffert (Lohengrin); (Petra-Maria Schnitzer, (Elsa); Hartmut Welter (Telramund); Linda Watson (Ortrud); Roman Trekel (el heraldo del rey); Arnold Bezuyen, Helmut Pampuch, Miljenko Turk y Martin Snell (nobles).  

El 18 de agosto de 2005 partimos desde Tenerife, un grupo de ocho personas, para asistir al Festival de Bayreuth. Habíamos conseguido entradas para ver “Lohengrin”, “Tannhäuser”, “Der fliegende Holländer” y “Parsifal”.

Todos nosotros conocíamos ya esta bonita ciudad alemana con sus calles (algunas de ellas con los nombres de las óperas de Wagner y otras también con los nombres de la propia familia del compositor), sus teatros, La Villa Wahnfried, los bosques con sus placenteros lagos de aguas cristalinas que se renuevan continuamente, y cuyas superficie aparecen surcadas por el continuo ir y venir de sus principales habitantes: los patos.

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Solamente uno de los compañeros del grupo había tenido la oportunidad de conseguir entradas para ver “Die Walküre” del Anillo de Daniel Barenboim con escenografía de Harry Kupfer.

A nuestra llegada a Nürnberg nos esperaba un coche de alquiler, (que habíamos reservado con tiempo) con nueve plazas, que recogimos a nuestra llegada en el Aeropuerto de esta ciudad y que, a nuestro regreso, devolvimos en el Aeropuerto de Munich.

Para ir de Nürnberg a Bayreuth no tomamos la vía más rápida que, lógicamente, sería la autopista. Nos fuimos por una carretera menos directa pero más atractiva. Esta carretera nos llevó a Bayreuth atravesando densos bosques, campos de maíz, pequeños pueblos, verdes y hermosas praderas tapizadas de margaritas y otras flores de diferentes colores con un cierto predominio de los tonos en amarillo y todo ello sobre un manto de verde intenso. Hacía un día soleado con una temperatura ideal, la lluvia ha estado presente en esa zona del país durante todo el verano y eso hace que el paisaje siga “vestido de primavera” incluso en esta época del año. En algunos lugares, dependiendo del tipo de árbol, ya se empiezan a dejar ver los primeros esbozos del otoño

Una vez en Bayreuth, buscamos nuestro lugar de alojamiento, un hotel de la cadena Treff Ramada; concretamente el Hotel Treff Ramada Residenzschloss. Después de registrarnos, deshacer el equipaje y tomar una ducha rápida volvimos al aeropuerto de Nürnberg (esta vez por el camino más rápido) para recoger a dos integrantes más del grupo que llegaron por la noche, ellos venían desde Londres. Por fin todos juntos nos retiramos a descansar. El viaje había sido muy largo, fuimos de Tenerife a Madrid, de Madrid a Frankfurt, de Frankfurt a Nürnberg y, por ultimo hicimos dos veces el camino de Nürnberg a Bayreuth.

El día 19, bien descansados y después de disfrutar de un espléndido desayuno buffet en el hotel nos fuimos a pasear por la ciudad, con buen tiempo y sin lluvia, eso fue como una especie de bienvenida “en seco” porque después de ese día la lluvia nunca más nos abandonó. Por esta zona fue muy agradable porque suavizó las temperaturas del mes de agosto que pueden llegar a ser sofocantes en esta ciudad, y más aun dentro del teatro.

A eso de las 14:00 horas regresamos al hotel, había que vestirse de forma adecuada para la ocasión: los caballeros de esmoquin y las damas a voluntad pero siempre procurando ir bien vestidas, con trajes elegantes. Los hoteles, normalmente, tienen un servicio de buses de llevada y recogida, para hacer más cómodo el acceso al Festspielhaus.

Llegamos a la “verde colina” con el tiempo suficiente de dar unas vueltas reconociendo y recordando el lugar, y en esta ocasión con entradas en el bolsillo ¡que sensación tan agradable!

En este primer contacto con el festival nos tocaba acomodarnos en el lateral derecho de la sala, con una visibilidad muy buena, mejor que e la zona centro, debido a que las posibilidades de encontrase a alguien de dos metros de altura acomodado justamente en la butaca de delante, haciendo de pantalla total o parcial, son muy elevadas. Tuvimos ocasión de comprobarlo en días posteriores.

Este teatro no tiene un pasillo central (creo que lo conocéis la mayoría, pero por si acaso) tiene 25 butacas por cada lado y en el centro hay una separación que solo se nota en el corte de la barra metálica que refuerza la estabilidad de los asientos en la parte baja, los dos bloques de asientos (25 por el lado derecha y otros 25 por el lado de la izquierda) están juntos pero no están unidos en ese punto.

Nos quedamos fuera, disfrutando de los jardines y haciéndonos fotos hasta que sonaron las fanfarrias con unas notas de “Lohengrin” inmediatamente después entramos, nos acomodamos y esperamos a que se apagaran las luces.

La orquesta comenzó la obertura con un sonido sublime, muy brillante y rapidito, pero muy controlado. La acústica de ese teatro es insuperable, ya con el sonido de las primeras notas nos dejó impresionados. Peter Schneider maneja la dirección de una forma que, aun cuando va rápido, permite a la orquesta expresar los sonidos con claridad y con absoluta libertad, de esta forma la música va decorando y dando vida, armonía y colorido a todo lo que se ve en el escenario. A los cantantes se les ve muy relajados haciendo sus papeles y manifestando la psicología de los personajes de una forma muy convincente.

La sensación de solvencia y seguridad que se respira ayuda e invita a disfrutar de lo que allí se ofrece. El sonido de los violines llegaba hasta nosotros de la forma más limpia y clara de lo que nunca antes recuerde haber oído.

Cuando se levanta el telón (durante el preludio) vemos un bosque con sus colinas, troncos (las luces se ocupan de ocultar la parte alta de los árboles, en principio no se sabe si están talados o no) y en el centro hay un pequeño río que desemboca en un lago.

Junto al lago y a la derecha se ve el tronco de “el roble de la justicia”. El suelo a ambos lados del río Escalda tiene un aspecto un tanto otoñal, hay hojas en el suelo y le dan mucho color. Los tonos van del rojo al amarillo pasando por una amplia gama de tonalidades marrones. Del lago comienza a emerger un cisne blanco y a medida que este va saliendo del agua y elevándose sobre la superficie, el lago va cambiando de tono y haciéndose cada vez más brillante y luminoso llegando a hacerse, incluso, fluorescente.

En un principio solo nos permiten ver los lados del río y el lago, el resto del escenario se aprecia con mucha dificultad debido a la escasa luz. Las cosas cambian de una forma extremadamente rápida o muy sutil, es muy difícil ver los cambios.

Lo que antes era un río se convierte en un caminito por el que baja muy lentamente Peter Sheiffert, (Lohengrin), llega hasta el lago, en este momento está todo muy iluminado y el cisne ya empieza a sumergirse de nuevo y a desaparecer, al tiempo que del mismo lago emerge una espada.

En todo este tiempo, los juegos de luces manejados con una gran maestría nos van guiando, a través del bosque, iluminando unas zonas y dejando que otras se oscurezcan, para preparar la llegada de una Elsa confundida y atormentada, la luz se ha atenuado y el bosque parece ahora más desolado.

Aparece en escena Petra-Maria Schnitzer, (Elsa von Brabant) con un aspecto un tanto ensombrecido, mientras la contemplamos a ella, justo a la parte central del escenario baja una segunda planta que nos muestra al rey alemán, Reinhard Hagen (Heinrich der Vogler) en el centro con varias filas de soldados que llenan el escenario de lado a lado. Tenemos un escenario de dos plantas: en la planta superior está el rey con sus soldados y en la planta baja están Hartmut Welker (Telramund) y Linda Watson (Ortrud) acusando a Elsa.

Para la escena III Elsa aparece en el escenario sentada sobre una plataforma que ocupa aproximadamente, un tercio del mismo y que, posteriormente, vemos que es una enorme mesa colocada a un metro del suelo y que se suspende sobre un único pie central. Junto a ella está Lohengrin. En el fondo vemos una gran luna llena iluminándolos.

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Los integrantes de los coros se reúnen alrededor de la extraña plataforma, Ortrud y Telramund permanecen en el escenario junto al Roble de la justicia, delante de los coros y al lado del lago. Finalizada esta escena, la plataforma desaparece en la oscuridad como por arte de magia, llevándose consigo, de nuevo, a Elsa.

El manejo de los objetos en el escenario es impresionante, nunca había visto nada igual, ellos pueden cambiar todo sin que se note que están moviendo las cosas. La destreza con las luces, como ya dije anteriormente, es fabulosa.

La escena, en el fondo, es siempre la misma pero ellos van cambiando la iluminación al tiempo que introducen unos objetos y hacen desparecer otros. Para el segundo acto aparece un castillo muy al fondo y delante vemos, muy a lo lejos, la silueta de Ortrud y la de Telramund sentados en una silla, uno frente al otro. En realidad, personalmente, creo que esta puesta en escena no puede ser más perfecta porque todo lo que se cita en el libreto aparece de una forma o de otra.

De hecho, ya en la obertura con el sonido de los violines y el juego de luces se llega a ver un esbozo perfecto del contenido de toda la obra. A mi me recuerda a la puesta en escena de Götz Friedrich, se parece en algunas cosas y es que las dos son muy clásicas.

Todos los cantantes en el escenario demostraron ser unos grandes actores, El coro estuvo magnífico, dando una visión de conjunto imponente, su actuación fue fantástica.

En cuanto a las voces del coro del Festspielhaus todos las conocemos y sabemos como suenan, lo que ocurre es que allí sentados y con la acústica de ese teatro todavía suenan mucho mejor que en las grabaciones, por difícil que parezca, aun se superan. Pase lo que pase en aquel escenario, sus voces nunca fallan, tengo la impresión de que son de lo mejorcito que se puede oír, por no decir lo mejor con diferencia, que quizás sería lo más acertado.

Roman Trekel (El heraldo real) estuvo magnífico en su interpretación y con una voz fantástica, llena de colorido y un timbre precioso, se le ve muy cómodo en su papel y con mucha seguridad, vocalizando muy bien y con una técnica de canto inmejorable, nos dejó un magnífico sabor, su voz es de las que no se olvidan fácilmente y su interpretación tampoco.

Linda Watson (Ortrud), realmente estuvo muy bien y nos convenció a todos, ella es una mujer con un aspecto un tanto benévolo y, sin embargo, hizo una Ortrud de lo más creíble en todo momento. Ella en la interpretación de su personaje tiene la oportunidad de mostrarnos muchos y muy variados estados de ánimo: tiene que mostrarse inocente, tiene que convencer, ha de saber hacer de hipócrita para seducir y manipular a Telramund…, en mi opinión en este papel se puede lucir (o deslucir) muy bien una soprano. Y la Watson, personalmente, pienso que es de las que logran lucirse, además goza de una buena voz, quizás a veces se nota una pequeña falta de técnica pero por lo demás muy bien.

Hartmut Welker (Telramund) hizo un buen papel en su interpretación escénica, quizás muy serio y muy seguro. No deba la impresión de ser un hombre con las ideas poco claras, a mi, más que manejable, me dio la impresión de ser un hombre de los que nunca cambian de idea, por suerte contó con una buena contrincante que le facilitó la tarea. Su canto no me convenció mucho, parecía muy inseguro y su vocalización sonaba un tanto rara.

Petra-Maria Schnitzer, la dulce e inocente Elsa no solo nos gustó, nos dejó muy impresionados por todo: por su interpretación, por su voz, por su técnica de canto, por su vocalización. Ella hace una mezcla magistral de dulzura, amor desesperación y angustia. Esta mujer tiene todos los ingredientes necesarios para ser una gran Elsa, nos encantó.

Peter Seiffert (Lohengrin) estuvo fantástico, me encantó. Hace cuatro años que yo le vi haciendo este mismo papel en una producción de “Lohengrin”, en Berlín y, la verdad, ahora me sonó como mil veces mejor, quizás sea porque aquella era una mala, (malísima diría yo) producción, lo suficiente para que no se sintiese cómodo y sonase malamente pero esta vez, su Lohengrin” nos ha dejado un recuerdo imborrable.

Reinhard Hagen (König Heinrich) desde su aparición, sentado en su trono, observando el mundo “a sus pies” desde su posición en la planta alta del escenario, se mostró majestuoso en todo momento.

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Parecía ausente, como en una nube. Era como si los asuntos en su reino no tuviesen mucho que ver con su persona. En el segundo acto se muestra más animado, suena más convincente y más seguro, de todas formas su cuerda desluce un poco al lado de un heraldo tan potente, al ser tan dialogantes se hace difícil no comparar las voces.

De todas formas esta producción de Keith Warner es una de las mejores que yo he visto y sobre todo una de las que mejor he oído. Yo había oído que la acústica de este teatro era buena pero nunca hubiese imaginado hasta que punto, un amigo de los del grupo dijo, sin ningún reparo, que era la mejor producción que había visto en su vida. Realmente salió muy emocionado del teatro, y es que la cos era para salir emocionado, la verdad

FUENTE:
Para archivowagner.info, 2005

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