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BAYREUTH 2006
Götterdämmerung

Por María Porras
 
Director musical:
Christian Thielemann

Director de escena: Tankred Dorst
Escenógrafos:
Frank Philipp Schlößmann
y Bernd Ernst Skodzig



Siegfried: Stephen Gould
Günther: Alexander Marco-Buhrmester
Hagen: Hans-Peter König
Alberich: Andrew Shore
Brünnhilde: Linda Watson
Gutrune: Gabriele Fontana I, II
y Edith Haller III
Waltraute: Mihoko Fujimura
1. Norn: Janet Collins
2. Norn: Martina Dike
3. Norn: Iréne Theorin
Woglinde: FionnualaMcCarthy
Wellgunde: Ulrike Helzel
Flosshilde: Marina Prudenskaja
     
Stephen Gould y Linda Watson en la despedida del final del prólogo.  
 

Llegamos a la última jornada del anillo y también a la última de las representaciones, por este año, de esta nueva producción del Bayreuther Festspiel. Acudimos muy pronto a los jardines de la colina verde, no queremos perdernos ni el más mínimo detalle y, por otro lado, aun nos quedan compras que hacer en la tienda de discos y libros, además vale la pena dar un buen paseo por los jardines que rodean al Bayreuther Festspiel, ya que con tantas lluvias y tan buena temperatura han ido ganando en belleza y hoy lucen sus mejores galas en forma de flores de colores muy vivos que se exhiben tímidamente entre las tonalidades de verde intenso de los hermosos árboles que decoran toda la zona.

Llega el momento de ocupar nuestras butacas, nuestros vecinos y muy amigos ya, (después de todo lo que hemos compartido) nos saludan amablemente, charlamos sobre la próxima producción de “Die Meister Singer von Nürnberg” que se estrenará en Bayreuth en el 2007. Las expectativas son buenas, parece ser que va a ser una gran producción, se espera mucho de ella. Vamos, pues, con El Ocaso.

Prólogo.
A telón bajado empiezan a sonar los primeros acordes de los instrumentos de viento, son los mismos acordes que oímos durante el saludo al mundo en el despertar de Brünnhilde, pero suenan de otra manera, no es el mismo ritmo ni la misma tonalidad.
Se levanta el telón y vemos a las tres Nornas tejiendo su hilo del destino y
dialogando entre ellas.

Están contando que cuando Wotan fue a beber en la fuente de la sabiduría (junto al fresno del mundo) y perdió, cual tributo, uno de sus ojos; entonces arrancó una rama del fresno y la convirtió en una poderosa lanza. A consecuencia de la herida se secó el fresno y la fuente también. Conversan sobre una lanza que fue rota por un héroe en audaz combate y cuentan que Wotan ordenó, entonces hacer leña con el tronco del fresno y llevarlo al Walhalla, leña que si un día ardiera hundiría a los dioses en la eterna sombra de su ocaso.

Las Nornas de esta producción no llevan un hilo en las manos y, por lo tanto, no lo tejen moviéndose de un lado a otro y simulando enrollar y soltar una madeja, ellas (tal y como vemos en la foto) llevan un traje confeccionado a base de hilos gruesos, se mueven un poquito y con ese suave balanceo mueven todos los hilos, no rompen ninguno, nada hace pensar que la ciencia se les tenga que disipar pero llegado el momento ellas descienden al seno de su Madre, se supone que ya su ciencia las ha abandonado. Al marcharse nos dejan ante un estrellado cielo que poco a poco va aclarando a la vez se va atenuando el resplandor de las estrellas, fue una escena muy bonita, las estrellas estuvieron formando grupos y jugueteando en el firmamento mientras las Nornas permanecían sentadas en el centro de un montículo de calaveras que descansaba sobre un fondo negro. De vez en cuando levantaban un brazo y desplegaban sus túnicas de gruesos hilos.

A mí (en la parte musical) me impresionaron mucho estas Nornas, creo que son las mejores que he oído, tienen unas voces bellísimas y el sonido nos llega con toda su potencia, colorido y carácter dramático, con ellas me ocurre lo mismo que con las hijas del Rhin en El Oro, pienso que al no tener que andar desplazándose de un lado hacia otro, al no tener que actuar ,… el sonido nos llega más perfecto, lo mismo que ocurre en las versiones concierto donde, personalmente, pienso que se aprecian mucho más las voces.

Despunta la aurora y, al fondo, ya vemos a Siegfred y a Brünnhilde que salen de la gruta de su amor, se abrazan (supuestamente ya han intercambiado sus tesoros: el caballo de Brünnhilde, (Grane) para Siegfried y el anillo para Brünnhilde), se abrazan y se despiden, Siegfried se aleja y ella queda protegida por el fuego que la rodea.


Acto 1.
El escenario es ahora el atrio del palacio de los Gibijungos, a orillas del Rhin, en el fondo está completamente abierto para que se pueda ver el río.
En el escenario vemos a Günther, rey de los Gibijungos, (a su hermana Gutrune no la vemos porque acaba de salir) y a Hagen, hermano de Günther y Gutrune (por parte de madre, Grimhild) e hijo de Alberich, el nibelungo, que consiguió a esta mujer, Grimhilde, a cambio de oro, (cuando él era el dueño del tesoro) y a Siegfried.

Hagen hace ver a su hermano la conveniencia de desposarse y le recomienda a la mujer que él cree que será la ideal, Brünnhilde. El único hombre capaz de atravesar las llamas que la protegen es Siegfried. Y este podría conquistarla para Gunther, si Gutrune fuese capaz de conquistar al héroe, con lo que además conseguiría el tesoro que éste posee (por habérselo arrebatado al dragón) Para que Gutrune pueda seducir a Siegfried éste tendrá que beber el filtro del olvido que Hagen ha preparado. Los tres hermanos hacen el pacto y, en ese momento, se oye el cuerno de Siegfried que viene de camino. Aparece Siegfried y propone a Günther la alternativa de pelear o ser amigos. Éste acepta ser amigos y, entonces, llega Gutrune y le ofrece al héroe el filtro mágico como bebida de hospitalidad. Siegfried bebe, olvida a Brünnhilde y queda prendado por de Gutrune.Esta foto capta el momento del juramento, cuando Gunther y Siegfried vierten sangre de sus venas en un cuerno lleno de vino que sostiene Hagen. Después, ambos beben del cuerno.

Pregunta a Günther que si tiene esposa y este responde que no y explica que la única mujer que el desea habita sobre una roca rodeada de fuego y él no puede atravesar esa barrera: su nombre es Brünnhilde. Siegfried se brinda a conquistarla para su amigo porque no teme el fuego y porque, con el yelmo mágico, puede tomar el aspecto de Günther. Antes de partir hacia la morada de Brünnhilde hacen el juramento.
Hagen se queda saboreando el fruto cruel de su vileza. El escenario hay, en todo momento, algunos figurantes mirando atentamente a todo lo que ocurre, ellos están colocados en la escalera en diferentes posiciones, uno de ellos está barnizando una estatua (que es otro figurante), otros están vestidos con trajes muy elegantes y miran a los cantantes, con mucha curiosidad, hay dos chicas sentadas, una está durmiendo a la izquierda del escenario y la otra está sentada mirando. En realidad este escenario es una fábrica de sueños.

Los cantantes suben frecuentemente la escalera de la derecha del escenario y se pasean por el mirador que hay arriba sin dejar de mirar hacia el fondo, supuestamente miran a ver si alguien viene río abajo.
Personalmente pienso que esta puesta en escena, en concreto para esta jornada, es genial, no puede ser más clásica, aunque tenga ciertos toques, pequeñas licencias que se han tomado y que no deforman la obra, no veo la necesidad de tenérselo en cuenta.

Volvemos ahora la escena donde se había quedado Brünnhilde, rodeada por las llamas, ella está contemplando el anillo que Siegfried le dejó a cambio del caballo (Grana), se oye un trueno y se ve un relámpago, hacia el fondo del escenario se observa una gran nube, Brünnhilde se incorpora mirando hacia el fondo, el sonido de la orquesta, nuevamente, intercambiando toda suerte de motivos, suena el motivo épico de las Valquirias, a ella le suena familiar y va hacia un lado del escenario regresando, al instante, con su hermana Waltraute que, a riesgo de incurrir en la cólera de su padre, Wotan, por desobedecer la orden de no acercarse a la ex-Valquiria,

ha llegado hasta ella para narrarle las desgracia que asola al Walhalla y a la propia vida de los dioses que irán hacia una pronta destrucción si no se le devuelve el anillo a las hijas del Rhin. La desgracia del mundo reside en ese anillo, Waltraute no logra que su hermana le entregue el anillo y parte consternada hacia el Walhalla.

Realmente Waltraute (Mihoko Fujimura); hace un papel fantástico y de lo más convincente, se muestra nerviosa camina sin parar, nos deja ver claramente que se ha arriesgado en vano, su hermana no responde a sus súplicas, casi ni la escucha.

Brünnhilde es ahora una mujer enamorada y feliz, vive ajena por completo a las desgracias que se le avecinan por haber perdido la sabiduría que su anterior condición de Valquiria le otorgaba, se niega a renunciar al anillo. Vuelven los relámpagos, volvemos a oir la marcha épica de las Valquirias y a continuación suena, nuevamente, el cuerno de Siegfried. La alegría de Brünnhilde, no tarda en convertirse en espanto al ver al extraño que se acerca hacia ella (Siegfried trasfigurado en Günther) y que trata de tomarla por esposa.

Ella intenta defenderse con el anillo pero Siegfried se lo arranca, la conduce hacia la gruta no va a desposarse con ella y le dice que la espada “Nothung” descansará entre los cuerpos de ambos como testigo del respeto hacia la novia de su hermano Günther.

Realmente en esta parte fue difícil de entender la situación, Gunther apareció casi detrás de Siegfried, no entiendo por qué llegó tan pronto, él no debería de haber aparecido hasta el amanecer.


Acto 2.
De nuevo en la orilla del Rhin, ante el palacio de los Gibijungos. Hagen parece dormido, está sentado en la escalera de la derecha, de guardia, con lanza y el escudo.

De pronto el brillo de la luna se hace más intenso y descubre que Alberich, su padre, está acurrucado entre sus rodillas. El nibelungo trata de mantener despierto a su hijo y de avivar su deseo por la recuperación del anillo, alimentando un odio implacable hacia las otras razas. Tras la promesa de Hagen de recuperar el anillo Alberich desaparece.

Al amanecer llega Siegfried y cuenta a Hagen y a Gutrune que ha conquistado a Brünnhilde, con el yelmo, como si fuera el propio Günther. Les advierte de que ambos vienen ya, en una barca, por el Rhin. Gutrune manda a Hagen a que convoque a los vasallos para que asistan a la doble boda, él toca el cuerno y los vasallos van entrando en el escenario, a la pregunta de ¿por qué los ha reunido allí? Él les explica el motivo.

Es escenario se llena de gente que acude y hacen una gran fiesta, se les ve muy alegres. Llegan Brünnhilde y Günther y son recibidos con gran júbilo. Brünnhilde descubre que Siegfried se va a casar con Gutrune y cree enloquecer. Trata, en vano, de ser reconocida por el héroe, le acusa de haberle robado el anillo que lleva en el dedo y Hagen apoya la acusación. Hay agitación general por la negación de Siegfried. Brünnhilde desesperada afirma haberse desposado con él y que la espada descansó en su vaina, colgada en la pared y no en el lecho, entre ambos.

Ante esta acusación jura el héroe ante la lanza de Hagen que no violó el juramento de fraternidad. A su vez Brünnhilde jura también ante la lanza que Siegfried es un perjuro.

Siegfried dice que ella miente, no le da importancia a las acusaciones femeninas y termina por inducir a todos los invitados a que le acompañen al festín. Quedan solos en escena Brünnhilde, Günther y Hagen.

Este último se ofrece para vengar la traición y se entera, por Brünnhilde, que la única parte vulnerable de Siegfried es su espalda. Hagen y Brünnhilde convencen a Günther de que Siegfried les ha traicionado y debe morir, aprovechando para esto una cacería que tendrá lugar el día siguiente. Pactan la venganza y se van todos hacia la montaña.


Acto 3.
En este escenario que vemos en la foto, las hijas del Rhin se lamentan, emergiendo del agua, de la pérdida del oro, Siegfried que perseguía a un oso se presenta en el lugar. Las ondinas se ofrecen a devolverle la caza a cambio del anillo que lleva en el dedo.

Él se niega y ellas le llaman avaro. Entonces él decide regalarles el anillo, pero al advertirle ellas la maldición que pesa sobre el que lleve ese anillo, él se envalentona y lo conserva.

Las ondinas, después de haberlo intentado todo, se lamentan de que él no haya querido seguir su consejo y desaparecen. No sin antes advertirle que morirá ese mismo día.

Aparecen Hagen, Günther y otros cazadores, Siegfried les narra su encuentro con las ondinas y les cuenta que, ellas, le han anunciado que morirá hoy mismo. Después de haber bebido del cuerno de Hagen, Siegfried parece distraer la melancolía de Günther. Se ofrece a contar las hazañas desde que Mime lo crió hasta que logró matar al dragón Fafner y a Mime, el traidor.

Pero al llegar al momento del descubrimiento de Brünnhilde, al héroe le faltan estos recuerdos gracias al “filtro del olvido” que bebió. Hagen le ha preparado otra bebida y al beber esto, por segunda vez, desaparece el efecto del “filtro del olvido” y sigue narrando su encuentro con Brünnhilde y la escena de amor con ella. Esto supone una afrenta contra Gunther por ser este el prometido de ella. En este momento se supone que han de aparecer unos cuervos, pero en vez de eso se escucha un extraño revolotear en el aire y esto llama la atención de Siegfried quien, inducido por Hagen, se vuelve para ver que está pasando. Hagen aprovecha que se ha colocado de espaladas a él para hundirle la espada.

Gunther y los demás cazadores, que no han podido impedir la acción de Hagen, quedan anonadados.
Guntther baja escaleras abajo con ánimo de ayudar, pero es tarde, ya no hay nadaa que hacer, Siegfried yace en el suelo, junto a la escalera, herido de muerte y recordando a su amada Brünnhilde. “!Brünnhilde! Heilige Braut!” ¡Brunilda! ¡Mi sagrada esposa! El acompañamiento orquestal estuvo sublime en este pasaje tan extrañamente agridulce en que Siegfried muere recordando a su amada Brünnhilde, ya sin el efecto de la bebida de Hagen que le había hecho olvidarla. Siegfrido aun tiene algunos tonos que requieren cierta potencia vocal. En seguida canta, ampliamente, en la cuerda y en la madera envuelta por arpegios de violines y arpas la melodía del “saludo al amor”. La orquesta y la voz de Siegfried se debilitan y, cual dulce caricia, se va extinguiendo el “éxtasis amoroso”, oímos el lamentable trino de los violines y los clarinetes seguido de los “latidos” de los timbales y, con sus últimas palabras “el destino” suena el opaco, siniestro y desagradable sonido de los trombones.

Los cazadores levantan el cadáver del suelo, el cortejo fúnebre se aleja lentamente mientras resuena en nuestros oídos la estremecedora e impresionante “marcha fúnebre de Siegfried”.
Volvemos al palacio de los Gibijungos, y Gultrune, que ha sido despertada de un mal sueño, recibe del propio Hagen la noticia de la muerte de su prometido por un jabalí feroz.

Cuando Gunther intenta consolar a su hermana esta le rechaza llamándole asesino de su esposo. Entonces Gunther confiesa que el asesino ha sido Hagen, ante lo cual este se jacta de su crimen y reclama el derecho a poseer el anillo. Para tratar de conservar el derecho de Gultrune a poseer la poderosa alhaja, Gunther pelea con Hagen y muere.

En el escenario tenemos el cadáver de Siegfried, el de Gunther y a Brünnhile en pie proclamándose como la única y verdadera esposa del héroe; ordena alzar una pira funeraria en la orilla del Rhin para consumir, por el fuego, los restos del bravo guerrero. Comenta la traición de Siegfried, el hombre más puro y leal, pero comprende que esta era necesaria para que todo volviera a su orden. Indica que el cadáver de Siegfried sea conducido a la pira funeraria y le arranca el anillo para ponérselo en su dedo, advirtiendo a las ondinas que lo tomen de sus cenizas purificadas por el fuego, anuncia el fin de los dioses con el incendio del Walhalla; arroja una antorcha encendida a la pira y cuando el fuego empieza a extenderse, se lanza a las llamas para morir junto a su esposo. El fuego alcanza su máxima intensidad y se extingue después en medio de una densa humareda.
El Rhin se desborda y las aguas avanzan sobre las cenizas de la hoguera. Hagen, al observar que las ondinas intentan recuperar el anillo, se precipita al río con el fin de ganarle la partida, pero ellas le detienen y logran ahogarlo y recuperar el anillo de las cenizas. El Rhin vuelve a su cauce y el resplandor se extiende por el cielo, que permite ver, entre las nubes, la sala del Walhalla con los dioses y los héroes reunidos. Las llamas empiezan a invadir la mansión celeste y las divinidades son envueltas por un torbellino de fuego.
Siempre me ha resultado tan majestuoso y tan dramático este final del Ocaso; con ese ultimo resurgir del tema de Siegfried interrumpiéndose al chocar con el “ocaso de los dioses”, el suspiro, eco maravilloso, que se eleva en los violines, la suave armonía de las arpas a modo de consuelo nos hace más llevadera esa terrorífica imagen de las ruinas del mundo celeste.


Las Nornas
Norna 1: Janet Collins; Norna 2: Martina Dike; Norna 3: Iréne Theorin; estuvieron estupendas, con unas voces limpias y claras, con una buena potencia vocal y excelente tonalidad dramática.

Las Ondinas:
Woglinde: Fionnuala McCarthy; Wellgunde Ulrike Helzel y Flosshilde: Marina Prudenskaja me encantaron en El Oro del Rhin y aquí me volvieron a parecer fantásticas, además el público disfrutó mucho con ellas y les brindaron espléndidos aplausos.

Waltraute:
Mihoko Fujimura; estuvo fantástica en su diálogo en forma de sombrío relato con Brünnhilde, ella le puso toda la carga dramática que requiere la siuación y actuó de la forma más convincente, tiene una bonita voz y unos graves de una belleza insuperable, además este es un papel cortito pero intenso, da la oportunidad de lucirse y demostrar una buena técnica, cosa que ella hizo muy bien.

Gutrune:

A nosotros nos tocó Edith Haller, porque tuvo que sustituir a Gabriele Fontana, que no se encontraba bien ese día. Personalmente pienso que hizo una fantástica princesa dulce y enamorada de Siegfried, no tiene un papel de mucha complejidad vocal, creo que actuó y cantó discretamnte, a mi me gustó.

Brünnhilde:

Linda Watson; En esta ocasión ella estuvo un poco mejor que en Siegfried pero no llegó a estar nada más que discreta, si acaso, no llega a convencer en este papel, tal vez tenga que estudiárselo un poco más, tiene la voz bonita y buenos registros medios, pero grita demasiado los agudos, no los controla y resulta muy desagradable.

Alberich:
Andrew Shore, aqui casi no vale la pena hablar de él, es tan poquito lo que hace en esta jornada. Pero él sí es uno de los grandes de esta producción, es fantástico.

Günther:
Alexander Marco-Buhrmester; lo conocemos ya, en Bayreuth, de su papel como Anfortas en la producción actual de Parsifal, este año me gustó más, me pareció un estupendo actor y admás en la línea de canto estuvo muy bien y muy cuidadoso, él tiene fragmentos muy cortos, a mi me encantó su: ”Begrüße froh, o Held, die Halle meines Vaters;” (¡Oh héroe! ¡Alegrate de saludar la casa de mis padres! Le dio cierto aire caballeresco, muy adecuado y muy convincente. Muy buen actor también. A mi me encantó.

Hagen:
Hans-Peter König, él estuvo brillante, como era de esperar, estupendo en la línea de canto y un gran actor, yo le conocía en el papel de Rey Marke y me encantaba como tal. El de Hagen le va como anillo al dedo.

Siegfried:
Stephen Gould; es una pena, pero con él pasa como con su compañera Brünnhilde (Linda Watson), no convencen, estuvo, también, mucho mejor que en Siegfried, pero sigue estando muy flojo. Se ve que hay un gran tenor dentro de él, pero hay que esperar a que salga.

La orquesta:
Me gustó por muchas cosas, una de ellas, para mi la principal, es que, Christian Thielemann, su director, se esfuerza mucho para que tengamos el placer de oír una buena vocalización por parte de los cantantes, él no acostumbra a “atropellarlos“, les permite decir sus frases relajadamente, se le ve muy respetuoso, no suelen hacerlo así la gran mayoría de los directores wagnerianos, a mi no me gusta nada comparar pero ahora mismo tengo in mente a alguien más que también lo hace, pero no es frecuente.

En toda gran producción hay grandes favoritos y en esta son:
Falk Struckman (Wotan), Das Rheingold, Die Walküre y Siegfried
Adrianne Pieczonka (Sieglinde) y Robert Dean-Smith (Siegmund) en Die Walküre,
Hans-Peter König (Hagen), (Mihoko Fujimura (Waltraute) en Götterdämmerung.

Ya para despedirme quiero contar una pequeña curiosidad: las óperas, en Bayreuth empiezan tan temprano que no permiten hacer una comida normal, ya que es muy difícil mantenerse despejado y fresco después del almuerzo. Por eso quiero recomendar, a los futuros asistentes al festival, la idea de acudir a las filas que se forman en los descansos para hacerse con una buena salchicha o un schnitzel, no sé si es por no haber almorzado o por la peculiaridad de salir de la ópera y colocarse en la fila a intercambiar opiniones de lo visto y oído, pero tiene un encanto especial y las viandas están deliciosas, vale la pena ir al teatro ya con hambre para saborear ese momento, alguna gente se organiza un pequeño picnic en los jardines, con cesta, mantel y todo lo necesario para una buena merienda.