ENTORNO HISTÓRICO EN
EL CUAL SE DESARROLLA EL POEMA DE LOHENGRIN
REFLEXIÓN
SOBRE LA ORGANIZACIÓN MILITAR Y SOBRE EL PAGANISMO GERMÁNICO
Por el Prof. Dr.
WOLFGANG GOLTHER, Rostock
«A partir del momento
en que, desde París, regresé a Alemania, (1842) mi
estudio favorito fue el de la antigüedad germánica... y
esto me llevó de la poesía medieval a los orígenes
del mito alemán».
(Escritos
y Poemas. Ed. Popular IV, pág. 311/312.)
De estos estudios proceden,
Tannhäuser, Lohengrin, Siegfried
y Wieland el Herrero. En ellos se ha buscado, por un lado
la esencia arcaica de la saga: el Mito y por otro la
narración gráfica llena de vida. El contenido de los
poemas épicos de la Edad Media no permite hacer una
refundición de ellos, se les ha de dar una nueva estructura,
una nueva forma.
En
Lohengrin se observa con absoluta claridad el esfuerzo
realizado para simplificar la trama original, para adaptarla al rico
colorido que la envuelve. La primera impresión que causa el
poema de la tardía Edad Media alemana, con sus extensas y
agotadoras descripciones de la vida cortesana y de la campaña
que Enrique I emprende contra los húngaros, es poco
prometedora.
«La
mayor parte de esta obra es mía, tanto en la trama como en la
composición poética. El tardío poema alemán
que nos ha transmitido la saga es lo más pobre e inexpresivo
que de este estilo nos ha llegado y estoy muy satisfecho de haber
limpiado esta, prácticamente desconocida saga, de las
impurezas, corrupciones, y funestas manipulaciones que anteriores
poetas habían realizado, habiéndole devuelto con mi
recreación su rico e indiscutible valor». (Carta
dirigida a Albert Wagner. 4 de Agosto de 1845)
El poema medieval alemán
procede del poema francés, Chevalier al cygne, el
caballero del cisne, al cual Wolfram, en su Parsifal,
había convertido en hijo del Rey del Grial. Desde el momento
en que Wolfram lo une al Grial el personaje queda envuelto en una
misteriosa aura sobrenaturaL Así es como Wagner se acoge al
Mito:
«Desde
la más remota antigüedad los pueblos que habitaron las
orillas del mar o las riberas de los ríos soñaron con
el advenimiento de un desconocido, que revestido de una deslumbrante
pureza, se aproximaría un día sobre el azulado espejo
de las ondas y que con su irresistible encanto fascinaría los
corazones de todos los que han visto realizada su anhelante espera.
El recién llegado sueña con encontrar la felicidad en
el país al que acaba de llegar, pero así que pretenden
conocer su procedencia desaparece de nuevo navegando sobre las olas».
(Escritos y Poemas.
Ed. Popular IV, pág. 291)
El camino hacia la desmitificación del Mito del poema medieval alemán lo emprenden los bellos e ingenuos poemas de las Sagas alemanas de los hermanos Grimm, (1818) en las cuales también se encuentra la historia del caballero del cisne.
Para el importante trasfondo histórico del drama de Lohengrin se utilizaron: El Derecho en la antigüedad y Recopilación de las Leyes Consuetudinarias de J. Grimm. El autor del alto medioevo alemán unió la acción al Rey Enrique I, pero sólo superficialmente, sin ninguna emoción y sin introducirse en el mundo histórico de la Edad Media. Wagner traslada su Mito al año 933, en el momento que finalizaba el plazo de 9 años que Enrique había pactado con los húngaros, dispensándolos de pagar impuestos a cambio de la paz. Enrique, Rey de los germanos tenía como principal meta la de reunir bajo su mando todos los reinos independientes. En estos momentos sólo reinaba en Sajonia y en Turingia. Creía necesario formar, con los soberanos independientes, un único reino creando así una confederación de estados y para esto necesitaba mentalizarlos a que asumiesen unos deberes que traspasaban sus fronteras. Los limites de la Marca, tanto en el Este como en el Norte, debían afianzarse para hacer frente a los daneses, a los lusacianos y finalmente a los peligrosos húngaros. El ejercito se enfrentaría a la caballería húngara con una caballería segura y fuerte que defendería la frontera con sus cerradas filas. ¡Adiestraré el ejercito para la lucha! En el tercer acto vemos que este ejercito se ha nutrido con la caballería de los Condes. Wagner, refiriéndose a la representación de Munich, le escribe a von Bülow, el 27 de Junio de 1867: «Tú sabes cual es el motivo que me lleva a exigir la presencia de caballos, por lo menos en la concentración formada íntegramente por jinetes». En la música que acompaña la convocatoria del ejército escuchamos claramente el trote de los caballos.
El Rey ordena que los
monasterios y las sedes episcopales sean rodeadas con un muro y que
se refuercen las fortalezas para defender el país:
¡Fortifiqué ciudades y construí castillos!
convence al pueblo de la necesidad que existe de ofrecer su
caballería y su valor cívico para organizar la defensa.
La bandera del Arcángel San Miguel ondeará ante la
tropa. El Aguila Imperial no aparece hasta el siglo XIII.
Al empezar el drama, el Rey, en un lugar cercano a Antwerpen, comunica su mensaje en una inflamada arenga. ¡Que toda la tierra alemana apreste sus huestes para el combate!. Pero sólo los sajones y los turingios golpean sus armas en señal de adhesión: ¡Con Dios y por el honor del Imperio Alemán! Los hombres de Brabante permanecen expectantes. Ante ésto el Rey decide poner orden en los asuntos internos del país, para hacer posible que el legítimo duque pueda ordenar que su ejército se adhiera a la convocatoria. Para el Rey toda la trama de Lohengrin, hasta el momento en que el recuperado duque Gottfried toma el mando de su gente, produce un retraso en el urgente objetivo de ganar un feudo más para la defensa del Imperio. Los hombres de Telramund esperan a que Lohengrin sea nombrado Protector de Brabante para expresar claramente su opinión: ¡Oídme: quiere llevarnos a tierras extrañas! ¡Contra un enemigo que jamás nos amenazó! Con ésto anteponen la seguridad del pequeño feudo a la del gran Imperio Alemán. Pero se trata sólo de una minoría, el resto se encuentra dispuesto a emprender la marcha: ¡No aplacéis el combate, el héroe os guiará!
En el tercer acto el deseo
del Rey se realiza; al son de las trompetas los condes brabanzones
cabalgan seguidos de sus vasallos hacia el punto de reunión;
acompañados por el potente tema de la marcha se preparan para
la revista, iluminado por el sol naciente aparece el Rey, las tropas
lo aclaman jubilosas: ¡Siento que mi corazón se
inflama de orgullo al encontrar en cada comarca alemana un ejercito
fuerte y numeroso!
La
pregunta de Elsa aleja nuevamente al Protector de Brabante,
título con el cual Lohengrin ha querido ser investido para no
dañar el sentimiento patriótico de los brabanzones. A
pesar de la voluntad del Rey, él reconoce que no es el
auténtico duque de Brabante: iEscucha oh Rey, no puedo
guiarlos! El Rey, los condes y vasallos rodean a Lohengrin:
iTus vasallos esperan que los guíes! ¿Quién
deberá ostentar el mando del ejercito, llegado ya el último
momento, cuando se encuentra en el aire el éxito de la
empresa?.
Lohengrin predice futuras
victorias: ¡Jamás será Alemania, ni en los
días más lejanos, conquistada por las hordas de
Oriente! En este momento la orquesta deja oír la
melodía: La espada alemana para el país alemán.
Esta predicción flota como una bendición sobre las
banderas de Brabante cuando protegidas por el Grial se dirigen al
campo de batalla.
La
rica imagen histórica culmina con la inesperada vuelta a la
vida del hechizado Gottfried: ¡Ved al duque de Brabante,
acatadlo como vuestro caudillo!.
Un adolescente ricamente vestido aparece cual la rejuvenecida imagen de Lohengrin y caminando con su misma nobleza, ceremonioso y solemne se inclina ante el Rey, igual que Lohengrin hizo en el primer acto. Los nobles, asombrados, doblan la rodilla en tierra, respetuosos ante el duque que creían perdido. Todos concentran su mirada en él, esperando expectantes sus órdenes; ¿Será capaz, a pesar de su juventud, de llevar a cabo la misión que se había confiado a Lohengrin? Elsa se desvanece en brazos de Gottfried. Tras las exclamaciones de dolor aparece en la orquesta el tema del Grial que se extiende a lo largo de los 10 últimos compases. Gottfried se incorpora y mirando fijamente al Rey parece prometer que en nombre del Grial ocupará el lugar de Lohengrin y emprenderá la marcha para luchar contra los húngaros. ¡Cómo no, si Lohengrin le ha dejado como recuerdo una espada victoriosa y un maravilloso cuerno de caza!. El histórico objetivo del Rey se ha cumplido, al fin las huestes de Brabante marcharán hacia el campo de batalla bajo el mando de Gottfried.
En el Lohengrin que Bayreuth ofreció en 1894 fue donde por primera vez se tuvieron en cuenta las características que permitían diferenciar los trajes y las armas de los sajones y turingios de las de los brabanzones, quedando así claras las peculiaridades de cada feudo. A diferencia de lo que ocurre en Tannhäuser, cuya acción transcurre en 1.205, en Lohengrin el vestuario y las armas son de tonos apagados ya que la viveza de los colores no llegó hasta el siglo XII. En la reunión del primer acto los diferentes grupos llegan enarbolando sus banderas y en el tercero el ejército se agrupa bajo la bandera del Rey, la bandera de San Miguel.
El rechazo al espíritu cristiano toma cuerpo en Ortruda, la pelirroja oriunda de Frisia, un tipo claramente alemán, no una intrigante de cabello moreno. Su árbol genealógico se remonta al príncipe frisio Radbod, el que rechazó el bautismo cuando el sacerdote le dijo que sus antepasados se encontraban en el infierno y no en el cielo. Ella ha heredado estas creencias paganas. Wagner escribe: «Ortruda debe ser una figura altiva, con una gran dignidad y nunca debe ser interpretada por una actriz de pequeña estatura». (Escrito a Franz Liszt el 30 de Enero de 1852). Su vida está centrada en un inquebrantable paganismo y utiliza sin temor y solapadamente el engaño y la hipocresía, siempre que sirva para dañar la nueva fe. Esta trágica obsesión la convierte en una figura demoníaca, abismada en su grandioso pasado. Se comporta con Elsa, sobre todo en el enfrentamiento ante la catedral, estructurado en el estilo del Canto de los Nibelungos, de la misma manera que la pelirroja y apasionada Brunilda lo hace con Krimilda. En realidad una de las bases del drama es el enfrentamiento entre paganismo y cristianismo.
Ortruda, desde el trono, situado bajo la encina, el que el Rey ha abandonado tras el relato de Lohengrin, echa en cara al atemorizado pueblo el haber repudiado los viejos dioses. Permanece erguida, invadida de un gozo salvaje. Al lanzar su última amenaza deja caer la capa negra con que había cubierto su lujoso atavío: ¡Aprended como se vengan los dioses! En este dramático momento Ortruda aparece, con su flameante cabellera, como una majestuosa sacerdotisa pagana. Ante la aparición de la blanca paloma y el milagroso retorno de Gottfried, Ortruda, con un espantoso grito, cae desplomada. ¡Con su silenciosa oración el Caballero del Grial a destruido la frisia pagana!
El espacio escénico del primer y tercer acto nos muestra el lugar donde los brabanzones han sido convocados; allí se encuentra la vieja encina dedicada a Doner bajo la cual el Rey se sienta para impartir la justicia del Imperio, no la de Brabante. En el Lohengrin de Bayreuth junto a la encina se encontraba un altar de piedra, antiguo lugar de culto pagano convertido ahora a la nueva fe. Ante este altar el Rey se postra en oración, pero el horrible hálito de la vieja creencia pagana revive cuando Ortruda hace el último intento de restaurar el pasado bajo el árbol del dios Doner.
«Wagner estaba convencido de haber reflejado en Lohengrin la perfecta imagen de la Edad Media». (Richard, Conde Du Moulin-Eckart: Cosima Wagner, Munich/Berlín 1929, pág. 878). Esto es absolutamente cierto y en consecuencia requiere una cuidadosa puesta en escena. En Lohengrin reina el estilo románico, mientras que en Tannhäuser lo hace el gótico, por lo tanto son necesarias dos escenografías totalmente distintas. El primer acto nos muestra el lugar de la convocatoria y del juicio que el Rey, obligado por las circunstancias debe ejercer; en el segundo cuadro del tercero las tropas desfilan antes de ponerse en campaña. El acto segundo y el primer cuadro del tercero están repletos de la alegría que provoca la boda: desfile nupcial ante la catedral y séquito que acompaña a los novios hasta sus aposentos.
Telramundo, el proscrito, se atreve a acusar al caballero del Grial e impugna el Juicio de Dios por no haberse cumplido la ley que exige saber el nombre y el origen de los combatientes. El ataque causa cierta impresión cuando Telramundo grita dirigiéndose a sus oponentes: ¡Mal habéis presidido la justa!. Lohengrin, al mostrar el cadáver de Telramundo, declara ante el Rey que ha actuado en defensa propia, legitimando así su acción.
Los
términos jurídicos de los mensajes del Heraldo son
una verdadera obra maestra; desde el principio de la obra éste
transmite al pueblo, en unos giros propios de la época, los
preceptos legales y las ordenes que emanan del Rey. Se trata de la
auténtica figura del heraldo medieval, portavoz del derecho
germánico, sobre todo en el momento del Juicio de Dios.
Cuando en 1894 se dio por
primeravez Lohengrin en Bayreuth, la señora Cosima
Wagner dio gran importancia al entorno histórico que aquí
hemos estado tratando. El duelo fue cuidadosamente estructurado y
todas las acotaciones del poema fueron fielmente cumplidas. También
fue posible ver algo nuevo, como por ejemplo la incorporación
de la bandera del Arcángel San Miguel para dar vida histórica
al conjunto.
La
ópera romántica se convirtió en un drama
esplendorosamente vivo que el Mito del maestro lo ha situado en un
siglo X sorprendentemente auténtico.
Artículo de la Guía
de los Festivales de Bayreuth del año 1936.
Traducido por Rosa María
Safont.