Clásica, septiembre 1997
DISCOS: El Holandés Errante de James Levine
Por Sebastián Spreng
 
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Wagner:Der fliegende Holländer. James Morris, Deborah Voigt, Ben Heppner, Jan-Hendrik Rootering, Paul Groves, Birgitta Svenden. Orquesta y Coro del Metropolitan Opera. Dirección: James Levine. 2Cd SONY S2K 66342 DDD. Duración:154’.Grabación: Mannhattan Centre, N.York; abril 28-mayo 4 1994.
 
 

Es una grabación espectacular como pocas, la orquesta metropolitana prueba otra vez que es una de las mejores en su clase -sino la mejor- y el coro no le va a la zaga en una lectura que con muy buen tino resuelve los tres actos sin pausa. Qué falta entonces?. James Levine que junto a Barenboim es uno de los dos grandes wagnerianos de esta época enfoca lo que es esencialmente una ópera romántica como si fuese uno de los dramas musicales del Wagner  tardío.

El concepto del experimentado director es válido e interesante pero cae en la búsqueda del enfoque diferente a toda costa y en ese intento no lleva siempre las de ganar. Lírico, transparente y hasta sublime su visión del Holandés sufre una desafortunada parsifalizacion ( un término poco académico que lo describe como ningún otro) . Su lectura dura más de quince hasta veinte minutos que otras y estos tempos lentísimos -cuando no caprichosos- provocan pérdida en el interés además de un esfuerzo innecesario y evidente para el notable equipo de cantantes.

Ignoramos las razones por las que SONY hizo un lanzamiento tan demorado pero debe notarse que en este espacio de cuatro años emergió un contrincante capaz de eclipsar al veterano Morris, el galés Bryn Terfel de cuyo escalofriante monólogo tenemos prueba en el recital con el mismo director (DG). No obstante, James Morris merecía perpetuar su personificación -ya un clásico del MET-, siendo el suyo un Holandés noble en lo vocal aunque un tanto benigno, que no llega a exteriorizar en su totalidad el torbellino interno del rol. La madurez de su instrumento -más seco y a veces con amplio vibrato- no es un escollo sino que este es el ubicarse más cerca de Gurnemanz que del atormentado protagonista.

Asimismo en este periodo, Deborah Voigt evolucionó rápida y favorablemente pasando de ser una voz importante a una artista de calibre, evidenciado en su espléndida Siglinda este último marzo en el MET. La norteamericana posee todas las notas -y en el caso de Senta es decir mucho- pero su canto perfecto se ve afectado por los tiempos estáticos de Levine que particularmente en la Balada le quitan énfasis y efecto (amén de un imperdonable error de edición que cercena el final abruptamente creando un lamentable anticlímax; ya lo mismo había sucedido en la versión Naxos).

Los restantes cumplen meritorias labores, especialmente Ben Heppner, quizá el mejor Erik en discos modernos ( y no olvidamos a Peter Seiffert/NAXOS) -y el ascendente Paul Groves, un excelente Timonel. Muy acordes como Daland el bajo Jan-Hendrik Rootering y Birgitta Svenden como Mary.

El Coro del MET vuelve con su impactante rendimiento (más destacable en el sector masculino) pero - nuevamente- basta volver al glorioso Coro de Bayreuth - con Böhm/DG o Nelsson/ PHILIPS- para revivir el electrizante enfrentamiento del mundo espectral con el de los vivos, aquí en cambio ese genial golpe de teatro wagneriano queda algo diluido.

El holandés continúa siendo una ópera para la cual no es fácil recomendar una primera elección porque siempre surge un obstáculo: si no es el barítono es la soprano o el añoso sonido -como en la paradigmática versión de Bayreuth con los impagables Hermann Uhde y Astrid Varnay. Esta es una versión algo excéntrica pero valiosa que no alcanza la redondez e impacto de la clasica de Klemperer (EMI), la reciente de Dohnanyi (LONDON) y la más modesta pero muy lograda de Pinchas Steinberg (NAXOS).