EL HOLANDES ERRANTE EN ESTOCOLMO
Teatro de la Opera Real de Estocolmo. 29 de marzo de 2004

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Ayer bajaba el telón por última vez para la reposición del Holandés Errante, puesta en escena estrenada ya en 1988. Las expectativas levantadas por este Holandés no eran tanto por su reposición, sino más bien por quienes cantaban dos los papeles protagónicos: Annalena Persson y Terje Stensdolvd. La última vez que tuvimos la ocasión de ver esta propuesta fue en 2001, y aún así, desde 1988, la apuesta de esta producción se ha ido desarrollando a lo largo de los años, mejorando cada vez más. Por ejemplo, ahora sólo existe una pausa, entre el primer y segundo actos. En cambio, del segundo al tercero pasamos inmediatamente, sin interrumpir la música (antes había pausa entre cada acto). La obertura se realiza a telón cerrado (hasta 1996 se elevaba el telón inmediatamente, dejandonos ver un juego de luces en movimiento, como nieblas y mares agitados)
 
La idea es el de utilizar la luz y paneles velados para dar la sensación (bastante realista por lo demás) de los diferentes lugares en donde se lleva a cabo la acción. Al levantarse el telón (luego de la obertura), todo el escenario está envuelto en las nieblas de una luz blanca, mostrandose sobre un plano elevado, con amarras y todo, a los marinos llamando a tierra a los que atan el barco de Daland a una roca solitaria. Con un poco de movimiento del plano, nos deja entender fácilmente que es un barco meciendose sobre las aguas, pero es durante el final de la canción del piloto que todo cambia, llenandose de nieblas más espesas, moviendose vertiginosamente, eliminando todo aspecto de referencia que cuando escuchamos el motivo del Holandés, de pronto se despejan las nieblas para hacer aparecer el frente del barco, con un enorme mascarón en forma de mujer cuyos brazos se hunden en la madera formando alas. El Holandés, de pie, delante de su nave, se encuentra en la vasta soledad del escenario, envuelto en una capa negra, que al dejarla caer, le muestra con camisá roja y pantalones y botas negros. La reentrada del piloto y Daland, es nuevamente marcada por suaves tonos azulados que iluminan parte del escenario, dando la sensación de una playa, en cuyo horizonte descansa la nave del Holandés, y será luego en esta misma playa en donde el cofre con tesoros que el Holandés ofrece a Daland aparecera por si mismo, gracias a la magia de los juegos de luces. Al escucharse los vientos soplando, estamos ahora sobre la cubierta de Daland, representada más bien, por el plano pendulante, con las escaleras de cuerda por la que los marinos subiran para soltar las velas, mientras al fondo, el mascarón de la nave del Holandés se va desvaneciendo entre la niebla blanco-azulada.
 
Para el segundo acto, vemos una amplia sala con redes colgando de las paredes, las cuales las hilanderas retejen y reparan, lo mismo que otras cosen y arreglan velas para los barcos mientras cantan su canción. Senta, sobre un plano elevado ante una gran ventana no cosi ni hila, sino que pinta el cuadro que representa al holandés, con frenesí y deseo, mirando de vez en cuando, como anhelante, al horizonte desde la gran ventana. Además del atril, también se encuentra una silla en este plano. Será allí donde Senta se sentara a escuchar el relato de Erik, y él será quien con su cuchillo de cazador rompa la pintura del holandés, cuando escuche como Senta revela que el sueño de Erik en el fondo es premonitorio. Entonces la escena está oscura, sólo iluminando a Senta, sentada con la cabeza hacia atrás, soñando con el holandés, para luego subir las tonalidades y revelarnos que dos cortinajes cuelgan ahora donde antes estaba la ventana, vemos la misma habitación pero desde la perspectiva contraria. Al entrar el Holandés, los tonos son rojos y anaranjados, contrastando con el vestido verde de Senta. Daland sigue en tonos tierra. Senta en extásis no deja de mirar al Holandés e ignora incluso a su padre. Finalmente todos dejan la sala saliendo por el fondo, al mismo tiempo que el juego de luces que forma la niebla moviendose inunda todo el escenario, que finalmente se transforma en un lugar vacio, con excepción de dos alusiones a donde estan atadas las naves, y levemente velado el mascarón de la nave del Holandés, que se tornara más nítido durante la escena del duelo entre los marinos noruegos y los holandeses, para casi desvanecerse después. Entonces la confrontación final entre Erik y Senta se lleva a cabo en un cuadrado de luz, en la oscuridad del escenario, cuyo único decorado es la silla en la que Senta nuevamente se sienta para escuchar la cavatina de Erik. El Holandés se ve desde un costado para luego marcharse y volver a aparecer, ahora en el fondo del escenario, ante el mascarón, y revelar su identidad. Senta, sola en el sector iluminado, hace su juramento elevando sus brazos hacia el mascarón y el mar embravecido (con efectos de luz) la rodea y Senta desaparece entre las olas. Finalmente, en el momento del tema de la redención, el mascarón se parte en dos y el Holandés se eleva, transfigurado (y por primera vez iluminado con luz blanca), abrazado a la figura de Senta.
 
Como es obvio, la orquesta fue la de la Ópera Real, cuya intervención fue impecable. La direcciónfue de Klaus Weise. La dirección de Weise fue incisiva y detallista, creando las exactas situaciones de cada momento, el tema del holandés sonaba tenebroso, pero en el sentido de miedo a no encontrar la redención, el tema de la redención, lleno de esperanza, la música asociada a los marinos, con una buena dosis de fanfarronería y la de las hilanderas con mucho candor. Weise se aproximó a la partitura como lo que es, una de las obras iniciales de Wagner, no como otros que dirigen el Holandés como si dirigiesen Parsifal o el Anillo. Weise saco de la orquesta una música humana y radiante, con claridad interpretativa, no sólo de cada motivo, sino también de cada instrumento, que lograba un conjunto redondo, sin peros.
 
El coro fue ampliado con otros solistas de otros coros, para la escena con el coro de holandeses contra el coro de noruegos. El coro tiene un papel predominante especialmente en el tercer acto, y es allí cuando las prestaciones son más esperadas. No decepcionaron, lograron reflejar claramente el carácter desenfadado y de camaraderia de la tripulación, y en el caso de los holandeses una frialdad de ultratumba. Las jovenes, pues demostraron no ser tan ingenuas, sino bien saben lo que querian, tanto de noruegos como de holandeses.
 
Marianne Eklöf cantaba Mary, papel corto, pero que creo bien, dandonos una Mary autoritaria y nerviosa de lo que ocurre a Senta.
 
El piloto fue encarnado por Ulrik Qvale, a mi parecer, más daba la sensación de un grumete muy joven. Comenzó un tanto dubitativo, pero ya en la canción de la guardía comenzó a afirmarse. Luego en sus demás intervenciones fue un tanto reservado en su interpretación escénica, pero no en lo musical.
 
Stefan Dahlberg nos entregó un Erik atormentado, y ardiente de amor, aunque su entrada no fue muy limpia que digamos, entrando con dificultad en sus primeras palabras con Senta, ya contando su sueño la voz se afirmo y comenzó con mayor seguridad. Pero fue en su cavatina donde verdaderamente dío rienda suelta a su interpretación, haciendonos recordar sus anteriores (y magnificas) interpretaciones como Fausto, Tamino y Pelléas.
 
Lennart Forsén nos volvía a deleitar con su voz, hace sólo un mes nos dejó maravillados con su Marke en "Tristan und Isolde". Ahora nos encantaba con su Daland, alcahuete y ambicioso, pero aún así, verdaderamente podríamos decir que Daland es un buen tío ;-) Seguridad en la voz en todo momento, imponiendo el carácter necesario a cada momento sin dudar en lo que hacía.
 
Una de las expectativas de esta función era, obviamente, escuchar a Annalena Persson en un papel protagónico. Anteriormente sólo había sido conocida para el público de Estocolmo al encargarse de la parte para soprano de la Novena de Beethoven a principios de la actual temporada en la Casa de Conciertos. La voz es poderosa y bien empastada, sin exageraciones, pero una voz "demasiado grande" para Senta, donde prefiero una soprano más lírica, pero en la parte actuación logra perfectamente transmitir lo que pasa por la mente de la joven. En el registro grave quizás hay un poco de inseguridad, pero eso bien se puede deber a que está iniciando su carrera. Pero con una buena tutoría, y elección de papeles, creo que estamos ante una nueva soprano dramática pura. El sonido de la voz tiene un timbre que podría recordar la agudeza de Nilsson, pero con sombras de Varnay, no por ello teniendo una voz como ellas, sino que una timbre particular e identificable como propio. Pero el tiempo nos dirá cuan lejos puede llegar. La próxima temporada se "enfrentara" a Isolde, esperemos que no se arriesgue con papeles pesados ahora que se está iniciando y vaya "educando" su carrera de forma que la tengamos mucho tiempo, no me extrañaria que terminase siendo una Brünnhilde, como hace años que no tenemos, dentro de una decada o un poco más. Pero ojala amplie su repertorio y le de a su voz los medios necesarios para mantenerla por mucho tiempo.
 
El papel del Holandés fue compartido, las dos primeras funciones fue interpretado por Robert Hale, y las demás por Terje Stensvold. Mi interés residía principalmente en Stensvold, dado que será él quien encarné a Wotan en el Anillo que comenzará a partir del otoño de 2005. Un voz poderosa y autoritaria, pero también muy intima en los momentos que se requería. Las fluctuaciones entre todos los registros los realizaba como si fuese lo más fácil del mundo, marcando claramente los estados psicológicos del personaje. EL timbre muy grato y hermoso, será un verdadero placer el conocer su Wotan.
 
Pues eso es todo desde Estocolmo y su vida musical wagneriana por ahora... En octubre volvera Tristan (único título wagneriano la próxima temporada), pero no faltaran otros títulos interesantes (nuevas producciones de "Eugenio Onegin" y "Tosca", por ejemplo), lo mismo que reposiciones que son carta segura, como por ejemplo "Don Carlos" y "Capriccio".

Claudio Briones