El pasado mes de abril [de
1995] tuvimos la ocasión de escuchar el “Tristán e Isolda”
en el Palau de la Música de Barcelona, en versión de concierto,
cosa que tal y como están los directores de escena últimamente,
es algo de agradecer.
Sin embargo, Wagner sin todo
el aparato escénico, vestuario y demás, es una sombra de
Wagner, pero, pese a todo se pudo disfrutar grandemente.
Con un reparto atípico,
y con una Brangäne itinerante, las cinco horas pasaron como en un
susurro. El director David Robertson, agarrotado al principio, dió
rienda suelta a una magnífica orquesta que funcionó a la
perfección. Tan sólo reprocharé a este novel director
en Wagner que en lo tocante a movimiento direccional, estuviera más
en la línea Bernsteiniana que en la de Knapperbutsch.
Los papeles menores estuvieron
muy correctos, tanto Melot/Wolfgang Rauch, asiduo del Liceo, como el pastor-marinero/Antoni
Comas y timonel/Manuel Garrido.
Hans Tschammer hizo un rey
Marke muy creible, de voz profunda y clara, con un monólogo preciosista
en su dos largas intervenciones.
Eike Schulte nos presentó
asimismo un Kurwenal a una gran altura, aunque a veces tuviera sorpresas
con los agudos, pero funcionó muy bien.
El trío protagonista,
esto es, Brangane y los dos amantes, fueron los más destacados,
dada la dificultad vocal que esta obra presenta.
Brangäne fue cantada por
Eva Randova el primer y último día; y por Julia Jous el día
intermedio. Debido a una afección vocal, la célebre Eva Randova,
no pudo estar a la altura de tan difícil papel, pese a que lo intentara,
pero un catarro es un catarro. Aún y así, fue aplaudida por
el tamaño esfuerzo.
Hablamos con ella, quien nos hizo público su lamento por tan mala pata. Nos cuenta que “Tristán e Isolda” es una de sus óperas favoritas y espera poder en otra ocasión demostrar sus dotes al 100%. Eva Randova es, además, la Directora del Teatro de Opera de Praga, y le pregunto sobre el funcionamiento de la escenografia moderna allí. Me contesta que sólo programa decorados clásicos, pues al público de allí no le gustan las innovaciones de laboratorio, que el último “Don Carlo” que hizo en este camino, tuvo que ser suspendido por falta de público.
Le pregunto por Wagner, y me
dice que se programó un “Tannhäuser” que funcionó muy
bien, y que ahora tiene un “Lohengrin” en perspectiva. Que le encantaría
trabajar con Scbneider-Siemssen pero es muy costoso para su teatro.
La segunda Brangäne, Julia
Jous, se llevó todo el mérito el segundo día. Fue
avisada el mismo día de la función y llegó a Barcelona
unas horas antes de salir a escena. En el primer acto estuvo discreta,
aunque con muchas posibilidades vocales, y creció en el resto de
la obra, con una interpretación de gran altura.
También hablamos con
ella, quien nos comenta la premura de tiempo, pero que, debido a la pasión
que ella tiene por el personaje, lo pudo sobrellevar bien.
Tristán estuvo interpretado por Jyrki Niskanen, con una bella voz de timbre wagneriano, aunque, debido a la presencia orquestal tan cercana, a veces quedara tapado por ella. Hizo una interpretación “off the record” en que parecía que estuviera actuando, muy convincentemente, como el detalle de cantar sentado al principio del tercer acto o retar con una invisible espada a Melot en el segundo.
Por último, Isolda, con una Sabine Hass espléndida. Cantante especializada en Wagner y con muchas tablas encima. Estuvo fantástica y nos introdujo de lleno en el papel de Isolda desde el primer momento.
Hablamos con ella, y le preguntamos
si cuando canta esta obra, se funde humanamente con su personaje. Nos dice
que absolutamente, ella es Isolda, con sus pasiones y su ira, y que lamenta
que haya sido una versión de concierto, ya que con decorados y vestuario,
aún lo siente más, se crece, irrumpe con fuerza y pasión.
Nos dice que es su papel favorito con diferencia.
Le pregunto sobre su repertorio
vocal, y me dice que sólo canta Wagner, y de vez en cuando algo
de Richard Strauss y que lo hace por que se identifica totalmente con su
música y sus mundos personales.
Le recuerdo que también
había cantado y grabado música de Siegfried Wagner, y me
lo reconfirma, que tan sólo lo hizo aquella vez, que fue una experiencia
maravillosa, que su música es bellísima, dificil de cantar,
como su padre, y que considera una pena que no se le interprete más,
ya que obras como “Der Bärenhauter” tendrían que estar permanentemente
en cartel.
Hablamos inevitablemente del
tema de escenografía moderna, con la que ella en principio está
de acuerdo siempre y cuando no cambien el mensaje que el autor quería
dar, pero que de todos modos, los tiempos cambian y la ópera también,
y que lamentablemente hay que adaptarse.
Le pregunto por último
si ha cantado otros compositores románticos como Pfitzner, y me
contesta que en su juventud cantó mucho Pfitzner, pero que no con
mucho entusiasmo, y Lortzing, Marschner y otros.
En resumen, un “Tristán”
de gran altura, en el que el mensaje wagneriano llegó bien, conectó
perfectamente; a la espera de nuevas representaciones, ya en versión
concertante, ya con decorados dignos.