Fragmentos
de sus escritos
Por Richard Wagner
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Jesús de Nazareth
(1848)
La vida del
hombre es evolución del egoísmo hasta su propio aniquilamiento
en favor de la generalidad.
Hasta la
madurez, el hombre sólo comprende la Naturaleza con referencia a
sí mismo; toda impresión de la Naturaleza se transforma en
egoísmo, porque hasta la completa madurez no hacemos más
recibir, sólo lo recibido es comprensible para el hombre, y esto
sólo en lo que respecta a sí mismo, a su propio Yo; en tanto
cuanto la Naturaleza está fuera de él, no es nada para él,
y sólo su Yo es algo. Pero si el hombre se vuelve a despojar de
su propio Yo, en el amor, después de alcanzada la madurez, sólo
entonces la Naturaleza llega a ser algo para él, en la medida en
que se sume en ella; porque por el amor sale el hombre fuera de sí
mismo y se vuelve a encontrar con su antítesis. De donde también
procede la comprensión de la Naturaleza en primer término
por el amor. [1]
Los Wibelungos: Historia
del Mundo según la Saga (1848)
Su procedencia
del Este ha subsistido en la memoria de los pueblos europeos desde los
más remotos tiempos: las Sagas conservaron esta tradición,
si bien muy desfigurada. El mantenimiento del poder de los reyes en las
diferentes naciones, su restricción a una raza favorecida.., debieron
de tener una honda base en la conciencia del pueblo; se basaban en la memoria
del prístino hogar asiático... La leyenda de una ciudad o
castillo primitivos, construidos por la más remota raza humana,
y rodeados de paredes ciclópeas para guardar a su más santo
fetiche, se encuentra en casi todas las naciones del mundo, y especialmente
en las que podemos presumir se diseminaron hacia el Oeste desde aquellas
primitivas colinas de Asia. ¿Es que no existió verdaderamente
el arquetipo de esas ciudades fabulosas en el remoto hogar de esos pueblos?
Seguramente hubo una ciudad antiquísima y amurallada que guardó
en su seno la más antigua y venerable raza, el manantial de todo
patriarcalismo, esto es, de la Realeza unida al Sacerdocio.
El viejo
héroe renacio en él; con espléndida hueste de guerra
marchó al través de Grecia. Podía haberla conquistado
-¿quién lo impedía?- pero sin descanso se sentía
impulsado a la remota Asia. Allá en un campo de batalla quebrantó
el poder de los sarracenos. La tierra prometida se extendía ante
él indisputada; sin poder esperar la construcción de un puente
volante, avanzo impaciente hacia el este, y a caballo se lanzó al
río: nadie lo volvió a ver.
Desde entonces,
corrió la leyenda de que el Custodio del Grial había traído
realmente la sagrada reliquia a Occidente. Grandes maravillas había
realizado. En los Países Bajos... había aparecido un Caballero
del Grial (Lohengrin), pero se desvaneció cuando le preguntaron
cosas prohibidas acerca de su origen; luego el Grial fué llevado
por su antiguo custodio al remoto Oriente, y quedó custodiado una
vez más en un elevado Monte de la India... La espiritual ascensión
del Tesoro al Grial fué realizada en la conciencia germánica,
y el Grial, por lo menos en el significado que le dan los poetas alemanes,
debe considerarse como el representante o sucesor ideal del Tesoro de los
Nibelungos. Este también procedía de Asia, de la morada primitiva
de la humanidad; Dios lo había conducido a los hombres como dechado
de santidad.
Era de capital
importancia que su custodio fuera Sacerdote y Rey a un tiempo, esto es,
un Maestro (Oberhaupt) de toda Caballería espiritual, tal
como fué traído del Oriente en el siglo XII... Desde entonces
la demanda del Grial reemplaza al Tesoro de los Nibelungos, y cuando el
mundo occidental, no satisfecho con él, pasó más allá
de Roma y del Papa para hallar su lugar de salvación en la tumba
del Redentor en Jerusalén; cuando, no satisfecho ni aun allí,
lanzó su anhelosa mirada, entre espiritual y física, aun
más allá, hacia el Este, para hallar el primer santuario
de la humanidad, entonces se dijo que el Grial se había retirado
del impúdico oeste a la pura, casta e inaccesible tierra nativa
de todas las naciones.
Sobre el Estado y la Religión
(1850)
(La religión)
... vive, pero sólo allí donde tiene su fuente primordial
y su única morada verdadera: en el centro (Innern) más
profundo y sagrado del Individuo; allí donde nunca jamás
ha llegado el conflicto entre los Racionalistas y los Supranaturalistas;
o entre la Clerecía y el Estado. Porque la esencia de la verdadera
religión es que, esquivando el ilusorio oropel del mundo del Día,
refulge en la Noche del más hondo repliegue del alma humana, con
una luz muy distinta de la del sol del Mundo, y no visible desde ninguna
parte salvo de aquella profundidad. [1]
Cartas a Augusto Roeckel
(1855)
En todo tiempo
los espíritus que, gracias a su organización extraordinaria,
han alcanzado una percepción clara, se han vuelto a los espíritus
de la multitud, esclava aun de la voluntad, y, compadecidos, han buscado
un medio de comunicación con ellos. Los primeros entre estos espíritus
iluminados han sido los fundadores de religiones; y su destino trágico
ha sido el verse obligados a hacer uso de un lenguaje y unos símbolos
que son los únicos inteligibles para los ordinarios espíritus
no iluminados.
Ciertamente
el príncipe indio Buda habló el lenguaje que más se
aproxima a dar expresión a esta elevada iluminación espiritual.
gracias a recientes estudios orientales, se ha caído la venda de
nuestros ojos, y podemos formar un juicio independiente de ese maravilloso
personaje, no desfigurado ya como si se le contempla al través de
la
religión india de hoy día. Si hemos de hablar, en términos
inteligibles para el pueblo, de esa elevadísima percepción,
sólo puede hacerse en la forma de las enseñanzas budistas
puras y primitivas. En ellas es de especial importancia la doctrina de
la transmigración de las almas, como base de una vida verdaderamente
humana.
_____
En el hombre
normal, todos los sentidos, y más especialmente su órgano
de percepción, el cerebro, están por completo al servicio
de su Voluntad... Hemos de admitir, con honda sensación de vergüenza,
que esta Voluntad no ha buscado otra cosa que vivir, o sea, alimentarse
con el exterminio de otras, y reproducirse por propagación... Esta
voluntad es idéntica en todas las manifestaciones perceptibles...
Por consiguiente todos los fenómenos aislados no son más
que individualizaciones de la misma Voluntad... es decir, de una entidad
que está continuamente entregada a la consunción y a la reproducción
de sí misma. Así esta entidad aparece como algo que está
en perpetua disconformidad consigo mismo, algo que persiste en una discordia,
cuyo único fruto visible para nosotros es el dolor y el sufrimiento...
Reconocemos la posibilidad de que la facultad de percepción se emancipe
del servicio de la Voluntad, y así logramos el reconocimiento de
su carácter esencial. Y al reconocer esto ¿qué ganamos?
Ganamos evidentemente el conocimiento de lo esencial, la horrible naturaleza
de esa Voluntad, y al fin, por medio de ese conocimiento, nos elevamos
a la simpatía, esto es, a la compasión del sufrimiento (Mitleiden)...
En este punto la percepción gana una importancia moral hasta ahora
ignorada. En las más altas y favorables condiciones llegamos a una
simpatía con todos los seres vivientes. En este perfecto unísono
con cuanto se ha mantenido apartado de nosotros por la ilusión de
la individualización, está la raíz de toda virtud,
el verdadero secreto de la redención. [2]
Epílogo a El Anillo
del Nibelungo (1863)
En el bosquejo
de Tristán e Iseo yo sentía que no me separaba realmente
del círculo de ideas poéticas y mitológicas que mi
obra de Los Nibelungos me había abierto... Porque la gran
concordancia de todos los mitos verdaderos que me habían revelado
mis estudios, había aguzado mi vista para la percepción de
las maravillosas variaciones que aparecían en este eslabón
descubierto por mí... Una de ellas se impuso a mi espíritu
con fascinadora claridad en la relación de Tristán con Iseo,
comparada a la de Sigfredo con Brunequilda... Su completa semejanza consiste
en que tanto Tristán como Sigfredo, encadenados de una ilusión
que priva de libertad a sus actos, pretenden para otro a la amada predestinada
eternamente para ellos, y en la falsa relación que de esto
surge hallan su perdición. Lo que en una obra sólo podía
expresarse con decisiva violencia, pasa a ser en la otra a ser un contenido
de infinita variedad; y eso fué lo que me indujo a tratar el tema,
en aquel tiempo precisamente; es decir, como un acto suplementario del
gran mito de los Nibelungos, una fabula que abarca la totalidad de las
relaciones de un mundo. [1]
Actores y Cantantes (1872)
Nunca me he
sentido más cordialmente satisfecho de una compañía
de ópera que con ocasión del estreno de los Meistersinger
. Al terminar... me vi impulsado a expresar... mi incomparable alegría
al ver que tan rápidamente habían desechado todo hábito
operístico y adoptado... una forma de representar de cuya propiedad
pueden ya estar convencidos en lo más profundo del alma, pero que
ahora, cuando han hecho ya su pleno conocimiento, había sido también
tan gustosamente atestiguada por ellos... Aunque un ingenioso amigo ha
comparado mi partitura con una fuga continua transformada en ópera,
mis cantantes y coristas saben que con el desempeño de sus dificilísimos
papeles musicales llegaron al dominio de un diálogo continuo,
que finalmente vino a ser para ellos tan fácil y natural como la
charla cotidiana más corriente. Los que antes, cuando se trataba
de "cantar óperas" habían creído necesario caer al
instante en los espasmos de un falso sentimentalismo, ahora se veían
conducidos a tomar ese diálogo cortado y vivo con la mayor fidelidad
a la naturaleza; y alcanzar gradualmente, con sólo este punto de
partida, el pathos de la emoción; lo cual, con gran asombro
de ellos, daba un resultado y producía un efecto que no habían
podido lograr con sus más convulsivos esfuerzos. [3]
El Teatro de Festivales de
Bayreuth (1873)
Para explicar
el plano del Teatro de Festivales actualmente en construcción en
Bayreuth, no puedo hacer nada mejor, a mi juicio, que empezar recordando
la necesidad que experimenté en primer término: la de hacer
invisible la fuente mecánica de su música, a saber, la orquesta;
porque este detalle llevaba paso a paso a la total tranformación
de la sala de nuestro teatro neo-europeo... No obstante, en sus proporciones
y en la disposición de sus localidades, se encontrará expresado
un pensamiento que, una vez haya penetrado bien en la mente de ustedes,
los pondrá en una relación nueva con la obra que van a presenciar:
una relación completamente distinta de aquella en que se han visto
cuando cuando han visitado nuestros teatros. Si esta primera impresión
resultare acertada, la misteriosa entrada de la música vendrá
luego a preparar para la revelación y la representación gráfica
de los cuadros escénicos, que parecen surgir de un mundo ideal de
ensueños, y que se proponen exponer toda la realidad de la más
perfecta ilusión de un arte noble. [2]
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Copiado de las obras de Alice
Leighton Cleather y Basil Crump.
[1] Tristán
e Iseo. Barcelona, 1927
[2] Lohengrin
y Parsifal. Barcelona, 1927
[3] Tannhäuser
y Los Maestros Cantores. Barcelona, 1927