AL FILO DE LO IMPOSIBLE: ENTREVISTA A EDITA GRUBEROVA
Por Xavier Nicolás

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ANA BOLENA llegó al Liceu y con ella el éxito apoteósico de Edita Gruberova, Soprano que está desde hace un tiempo en la cresta de la ola. Sus filattos de la escena pre-final en el que incluso llegó a dar un Re aún resuenan en mis oídos, y aunque dicha ópera sea de interés relativo, Edita Gruberova hizo posible que fuera un acontecimiento sobrecogedor.

Ya teníamos conocimiento de que la Gruberova nunca concedía entrevistas a nadie, o muy raramente (incluso durante su estancia en Barcelona rechazó un par de rotativos de primera fila); pero la perseverancia hizo posible que pudiéramos hablar con ella en un ambiente distendido. Y de ahí el título de este artículo pues no fué nada fácil llegar hasta ella.

XAVIER NICOLÁS: Señora Gruberova, ¿ha cantado Ud. en alguna ocasión Waguer?

EDITA GRUBEROVA: Tan sólo he interpretado dos papeles wagnerianos. Uno de ellos como muchacha-flor del "Parsifal" y después en el papel del pájaro en el "Siegfried".

X.N.: Precisamente Joan Sutherland cantó ese mismo papel...

E.G.: Sí. Eso es debido a las características de nuestras voces, pues lo nuestro es otro tipo de tesitura. El trabajo en las óperas wagnerianas es además muy duro y hay que estar muy bien preparado para aguantar esas horas ahí en el escenario. Se ha de tener un temple especial, y sobre todo una voz adecuada.

X.N.: ¿Cuál es su compositor favorito para cantar?

E.G.: Bueno, en general mi repertorio es el Bel Canto. Es decir, Bellini, Donizetti, Verdi. Pero también me encanta cantar Mozart, del cual se ha dicho que mi personaje de Schivetta es de los más logrados.

X.N.: ¿Strauss?...

E.G.: Sí, Strauss también está en mi repertorio. Me gusta cantar sus Lieders y "Ariadne auf Naxos".

X.N.: Imagino que tiempo libre no debe tener mucho, pero en tal caso ¿qué música escucha cuando lo tiene?

E.G.: La verdad es que efectivamente no tengo tiempo para escuchar nada, pero cuando así lo hago, es para escuchar la música de las obras con las que voy a trabajar. Así que básicamente escucho música de trabajo. Escucho y escucho las óperas para entenderlas mejor. Aún así, cuando a veces quiero escuchar música por placer, me gusta mucho el género de Lieders, especialmente de Schubert. También Richard Strauss me es muy querido para escuchar.

X.N.: ¿Música moderna?

E.G.: Ni la escucho ni me interesa. Además tampoco la canto, como otros de mis colegas...

X.N.: ... Como Peter Hoffmann...

E.G.: ...Por ejemplo. No, tan sólo he cantado en alguna ocasión a Alban Berg. Pero sinceramente no me gusta. No es mi estilo. No tiene la música la personalidad suficiente como para que me apetezca cantarlo.

X.N.: Me gustaría saber su opinión sobre la escenografía moderna.

E.G.: Bueno, hay escenógrafos buenos, que han hecho montajes interesantes, con los cuales estoy de acuerdo. Yo siempre les pido respeto para con la música y los compositores. Cuando la escenografía se convierte en una lucha contra la música del compositor, entonces la rechazo completamente. Con la "Traviata" y "Aida" se han hecho por ejemplo cosas muy raras. También hay otra cuestión fundamental y es que el público de ópera es un público muy tradicional, muy clásico, al que no le gustan los cambios. Quizás se deberían renovar un poco los gustos de ese público. Pero de todos modos lo que es inaceptable es el cambio de la época histórica que se está haciendo muy a menudo con las óperas. Esa es una cuestión que la encuentro horrible, es brutalizar el arte. Ahí están los casos de "Don Giovanne", "Cosi fan Tutte" o el propio Wagner.

X.N.: A lo largo de las entrevistas que hemos mantenido en WAGNERIANA, nos han contado un sinfín de anécdotas divertidas que han pasado sobre un escenario. ¿Se acuerda de alguna en concreto?

E.G.: Bueno, la verdad es que hay muchas y variadas, que a lo mejor cuando estás allí estás nerviosa o temerosa pero que luego te ríes al rememorarlas. Yo me acuerdo ahora de una representación de "I Puritani" de Bellini en Bregenz. Durante la representación había un caballo, naturalmente vivo y natural, el cual provocó muchas cosas. Recuerdo esa première en la cual yo estaba cantando y dicho caballo esperaba detrás del escenario para salir a escena; le oía cocear, piafar y moverse y me estaba poniendo nerviosísima; esperaba en cualquier momento que iba a salir de detrás, corriendo desbocado por el escenario. Fue una sensación muy angustiosa y cuando acabó la representación le di un ultimatum al Director del Teatro: o el caballo o la Gruberova. Y me eligieron a mí.

X.N.: Señora Gruberova, para acabar ya, en general, ¿qué opina del arte, digamos moderno, abstracto?

E.G.: Bueno, yo en eso soy también muy clásica y la verdad es que no me gusta nada. Especialmente en pintura. Esa serie de rayas, colores y manchas que configuran el arte abstracto no me atrae nada.

X.N.: Muchas gracias.